Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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De la sabrosa plática que la duquesa y sus doncellas
pasaron con Sancho Panza, digna de que se lea y de que se note


Cuenta, pues, la historia, que Sancho no durmió aquella siesta, sino que,
por cumplir su palabra, vino en comiendo a ver a la duquesa; la cual, con
el gusto que tenía de oírle, le hizo sentar junto a sí en una silla baja,
aunque Sancho, de puro bien criado, no quería sentarse; pero la duquesa le
dijo que se sentase como gobernador y hablase como escudero, puesto que por
entrambas cosas merecía el mismo escaño del Cid Ruy Díaz Campeador.

Encogió Sancho los hombros, obedeció y sentóse, y todas las doncellas y
dueñas de la duquesa la rodearon, atentas, con grandísimo silencio, a
escuchar lo que diría; pero la duquesa fue la que habló primero, diciendo:

-Ahora que estamos solos, y que aquí no nos oye nadie, querría yo que el
señor gobernador me asolviese ciertas dudas que tengo, nacidas de la
historia que del gran don Quijote anda ya impresa; una de las cuales dudas
es que, pues el buen Sancho nunca vio a Dulcinea, digo, a la señora
Dulcinea del Toboso, ni le llevó la carta del señor don Quijote, porque se
quedó en el libro de memoria en Sierra Morena, cómo se atrevió a fingir la
respuesta, y aquello de que la halló ahechando trigo, siendo todo burla y
mentira, y tan en daño de la buena opinión de la sin par Dulcinea, y todas
que no vienen bien con la calidad y fidelidad de los buenos escuderos.

A estas razones, sin responder con alguna, se levantó Sancho de la silla,
y, con pasos quedos, el cuerpo agobiado y el dedo puesto sobre los labios,
anduvo por toda la sala levantando los doseles; y luego, esto hecho, se
volvió a sentar y dijo:

-Ahora, señora mía, que he visto que no nos escucha nadie de solapa, fuera
de los circunstantes, sin temor ni sobresalto responderé a lo que se me ha
preguntado, y a todo aquello que se me preguntare; y lo primero que digo es
que yo tengo a mi señor don Quijote por loco rematado, puesto que algunas
veces dice cosas que, a mi parecer, y aun de todos aquellos que le
escuchan, son tan discretas y por tan buen carril encaminadas, que el mesmo
Satanás no las podría decir mejores; pero, con todo esto, verdaderamente y
sin escrúpulo, a mí se me ha asentado que es un mentecato. Pues, como yo
tengo esto en el magín, me atrevo a hacerle creer lo que no lleva pies ni
cabeza, como fue aquello de la respuesta de la carta, y lo de habrá seis o

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