Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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limpieza mostraba ser de fregar; seguíale y perseguíale el de la artesa, y
procuraba con toda solicitud ponérsela y encajársela debajo de las barbas,
y otro pícaro mostraba querérselas lavar.

-¿Qué es esto, hermanos? -preguntó la duquesa-. ¿Qué es esto? ¿Qué queréis
a ese buen hombre? ¿Cómo y no consideráis que está electo gobernador?

A lo que respondió el pícaro barbero:

-No quiere este señor dejarse lavar, como es usanza, y como se la lavó el
duque mi señor y el señor su amo.

-Sí quiero -respondió Sancho con mucha cólera-, pero querría que fuese con
toallas más limpias, con lejía mas clara y con manos no tan sucias; que no
hay tanta diferencia de mí a mi amo, que a él le laven con agua de ángeles
y a mí con lejía de diablos. Las usanzas de las tierras y de los palacios
de los príncipes tanto son buenas cuanto no dan pesadumbre, pero la
costumbre del lavatorio que aquí se usa peor es que de diciplinantes. Yo
estoy limpio de barbas y no tengo necesidad de semejantes refrigerios; y el
que se llegare a lavarme ni a tocarme a un pelo de la cabeza, digo, de mi
barba, hablando con el debido acatamiento, le daré tal puñada que le deje
el puño engastado en los cascos; que estas tales ceremonias y jabonaduras
más parecen burlas que gasajos de huéspedes.

Perecida de risa estaba la duquesa, viendo la cólera y oyendo las razones
de Sancho, pero no dio mucho gusto a don Quijote verle tan mal adeliñado
con la jaspeada toalla, y tan rodeado de tantos entretenidos de cocina; y
así, haciendo una profunda reverencia a los duques, como que les pedía
licencia para hablar, con voz reposada dijo a la canalla:

-¡Hola, señores caballeros! Vuesas mercedes dejen al mancebo, y vuélvanse
por donde vinieron, o por otra parte si se les antojare, que mi escudero es
limpio tanto como otro, y esas artesillas son para él estrechas y penantes
búcaros. Tomen mi consejo y déjenle, porque ni él ni yo sabemos de achaque
de burlas.

Cogióle la razón de la boca Sancho, y prosiguió diciendo:

-¡No, sino lléguense a hacer burla del mostrenco, que así lo sufriré como
ahora es de noche! Traigan aquí un peine, o lo que quisieren, y almohácenme
estas barbas, y si sacaren dellas cosa que ofenda a la limpieza, que me
trasquilen a cruces.

A esta sazón, sin dejar la risa, dijo la duquesa:

-Sancho Panza tiene razón en todo cuanto ha dicho, y la tendrá en todo
cuanto dijere: él es limpio, y, como él dice, no tiene necesidad de
lavarse; y si nuestra usanza no le contenta, su alma en su palma, cuanto

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