Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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banderas son aquéstas?

A lo que respondió el carretero:

-El carro es mío; lo que va en él son dos bravos leones enjaulados, que el
general de Orán envía a la corte, presentados a Su Majestad; las banderas
son del rey nuestro señor, en señal que aquí va cosa suya.

-Y ¿son grandes los leones? -preguntó don Quijote.

-Tan grandes -respondió el hombre que iba a la puerta del carro-, que no
han pasado mayores, ni tan grandes, de Africa a España jamás; y yo soy el
leonero, y he pasado otros, pero como éstos, ninguno. Son hembra y macho;
el macho va en esta jaula primera, y la hembra en la de atrás; y ahora van
hambrientos porque no han comido hoy; y así, vuesa merced se desvíe, que es
menester llegar presto donde les demos de comer.

A lo que dijo don Quijote, sonriéndose un poco:

-¿Leoncitos a mí? ¿A mí leoncitos, y a tales horas? Pues, ¡por Dios que han
de ver esos señores que acá los envían si soy yo hombre que se espanta de
leones! Apeaos, buen hombre, y, pues sois el leonero, abrid esas jaulas y
echadme esas bestias fuera, que en mitad desta campaña les daré a conocer
quién es don Quijote de la Mancha, a despecho y pesar de los encantadores
que a mí los envían.

-¡Ta, ta! -dijo a esta sazón entre sí el hidalgo-, dado ha señal de quién
es nuestro buen caballero: los requesones, sin duda, le han ablandado los
cascos y madurado los sesos.

Llegóse en esto a él Sancho y díjole:

-Señor, por quien Dios es, que vuesa merced haga de manera que mi señor don
Quijote no se tome con estos leones, que si se toma, aquí nos han de hacer
pedazos a todos.

-Pues, ¿tan loco es vuestro amo -respondió el hidalgo-, que teméis, y
creéis que se ha de tomar con tan fieros animales?

-No es loco -respondió Sancho-, sino atrevido.

-Yo haré que no lo sea -replicó el hidalgo.

Y, llegándose a don Quijote, que estaba dando priesa al leonero que abriese
las jaulas, le dijo:

-Señor caballero, los caballeros andantes han de acometer las aventuras que
prometen esperanza de salir bien dellas, y no aquellas que de en todo la
quitan; porque la valentía que se entra en la juridición de la temeridad,
más tiene de locura que de fortaleza. Cuanto más, que estos leones no
vienen contra vuesa merced, ni lo sueñan: van presentados a Su Majestad, y
no será bien detenerlos ni impedirles su viaje.

-Váyase vuesa merced, señor hidalgo -respondió don Quijote-, a entender con

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