Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

Página 451 de 838

así el poeta, y púsola cual no digan dueñas, y ella quedó satisfecha, por
verse con fama, aunque infame. También viene con esto lo que cuentan de
aquel pastor que puso fuego y abrasó el templo famoso de Diana, contado por
una de las siete maravillas del mundo, sólo porque quedase vivo su nombre
en los siglos venideros; y, aunque se mandó que nadie le nombrase, ni
hiciese por palabra o por escrito mención de su nombre, porque no
consiguiese el fin de su deseo, todavía se supo que se llamaba Eróstrato.
También alude a esto lo que sucedió al grande emperador Carlo Quinto con un
caballero en Roma. Quiso ver el emperador aquel famoso templo de la
Rotunda, que en la antigüedad se llamó el templo de todos los dioses, y
ahora, con mejor vocación, se llama de todos los santos, y es el edificio
que más entero ha quedado de los que alzó la gentilidad en Roma, y es el
que más conserva la fama de la grandiosidad y magnificencia de sus
fundadores: él es de hechura de una media naranja, grandísimo en estremo,
y está muy claro, sin entrarle otra luz que la que le concede una ventana,
o, por mejor decir, claraboya redonda que está en su cima, desde la cual
mirando el emperador el edificio, estaba con él y a su lado un caballero
romano, declarándole los primores y sutilezas de aquella gran máquina y
memorable arquitetura; y, habiéndose quitado de la claraboya, dijo al
emperador: ´´Mil veces, Sacra Majestad, me vino deseo de abrazarme con
vuestra Majestad y arrojarme de aquella claraboya abajo, por dejar de mí
fama eterna en el mundo´´. ´´Yo os agradezco -respondió el emperador- el no
haber puesto tan mal pensamiento en efeto, y de aquí adelante no os pondré
yo en ocasión que volváis a hacer prueba de vuestra lealtad; y así, os
mando que jamás me habléis, ni estéis donde yo estuviere´´. Y, tras estas
palabras, le hizo una gran merced. Quiero decir, Sancho, que el deseo de
alcanzar fama es activo en gran manera. ¿Quién piensas tú que arrojó a
Horacio del puente abajo, armado de todas armas, en la profundidad del
Tibre? ¿Quién abrasó el brazo y la mano a Mucio? ¿Quién impelió a Curcio a
lanzarse en la profunda sima ardiente que apareció en la mitad de Roma?
¿Quién, contra todos los agüeros que en contra se le habían mostrado, hizo
pasar el Rubicón a César? Y, con ejemplos más modernos, ¿quién barrenó los
navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el
cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo? Todas estas y otras grandes y
diferentes hazañas son, fueron y serán obras de la fama, que los mortales

Página 451 de 838
 


Grupo de Paginas:                                     

Compartir:




Diccionario: