Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) Libros Clásicos

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estuviera, no había que temer de la verdad de Lotario y de la mucha amistad
de entrambos. Y, a no estar avisada Camila de Lotario de que eran fingidos
aquellos amores de Clori, y que él se lo había dicho a Anselmo por poder
ocuparse algunos ratos en las mismas alabanzas de Camila, ella, sin duda,
cayera en la desesperada red de los celos; mas, por estar ya advertida,
pasó aquel sobresalto sin pesadumbre.
»Otro día, estando los tres sobre mesa, rogó Anselmo a Lotario dijese
alguna cosa de las que había compuesto a su amada Clori; que, pues Camila
no la conocía, seguramente podía decir lo que quisiese.
»-Aunque la conociera -respondió Lotario-, no encubriera yo nada, porque
cuando algún amante loa a su dama de hermosa y la nota de cruel, ningún
oprobrio hace a su buen crédito. Pero, sea lo que fuere, lo que sé decir,
que ayer hice un soneto a la ingratitud desta Clori, que dice ansí:
Soneto
En el silencio de la noche, cuando
ocupa el dulce sueño a los mortales,
la pobre cuenta de mis ricos males
estoy al cielo y a mi Clori dando.
Y, al tiempo cuando el sol se va mostrando
por las rosadas puertas orientales,
con suspiros y acentos desiguales,
voy la antigua querella renovando.
Y cuando el sol, de su estrellado asiento,
derechos rayos a la tierra envía,
el llanto crece y doblo los gemidos.
Vuelve la noche, y vuelvo al triste cuento,
y siempre hallo, en mi mortal porfía,
al cielo, sordo; a Clori, sin oídos.
»Bien le pareció el soneto a Camila, pero mejor a Anselmo, pues le alabó, y
dijo que era demasiadamente cruel la dama que a tan claras verdades no
correspondía. A lo que dijo Camila:
»-Luego, ¿todo aquello que los poetas enamorados dicen es verdad?
»-En cuanto poetas, no la dicen -respondió Lotario-; mas, en cuanto
enamorados, siempre quedan tan cortos como verdaderos.
»-No hay duda deso -replicó Anselmo, todo por apoyar y acreditar los
pensamientos de Lotario con Camila, tan descuidada del artificio de Anselmo
como ya enamorada de Lotario.
»Y así, con el gusto que de sus cosas tenía, y más, teniendo por entendido
que sus deseos y escritos a ella se encaminaban, y que ella era la
verdadera Clori, le rogó que si otro soneto o otros versos sabía, los
dijese:
»-Sí sé -respondió Lotario-, pero no creo que es tan bueno como el primero,
o, por mejor decir, menos malo. Y podréislo bien juzgar, pues es éste:
Soneto
Yo sé que muero; y si no soy creído,
es más cierto el morir, como es más cierto
verme a tus pies, ¡oh bella ingrata!, muerto,
antes que de adorarte arrepentido.

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