Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.248
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antes, tuvo en más a Camila. La cual, habiendo visto en Lotario lo que
jamás pensara, no sabía qué hacerse. Y, pareciéndole no ser cosa segura ni
bien hecha darle ocasión ni lugar a que otra vez la hablase, determinó de
enviar aquella mesma noche, como lo hizo, a un criado suyo con un billete a
Anselmo, donde le escribió estas razones:
Capítulo XXXIV. Donde se prosigue la novela del Curioso impertinente
»Así como suele decirse que parece mal el ejército sin su general y el
castillo sin su castellano, digo yo que parece muy peor la mujer casada y
moza sin su marido, cuando justísimas ocasiones no lo impiden. Yo me hallo
tan mal sin vos, y tan imposibilitada de no poder sufrir esta ausencia, que
si presto no venís, me habré de ir a entretener en casa de mis padres,
aunque deje sin guarda la vuestra; porque la que me dejastes, si es que
quedó con tal título, creo que mira más por su gusto que por lo que a vos
os toca; y, pues sois discreto, no tengo más que deciros, ni aun es bien
que más os diga.
»Esta carta recibió Anselmo, y entendió por ella que Lotario había ya
comenzado la empresa, y que Camila debía de haber respondido como él
deseaba; y, alegre sobremanera de tales nuevas, respondió a Camila, de
palabra, que no hiciese mudamiento de su casa en modo ninguno, porque él
volvería con mucha brevedad. Admirada quedó Camila de la respuesta de
Anselmo, que la puso en más confusión que primero, porque ni se atrevía a
estar en su casa, ni menos irse a la de sus padres; porque en la quedada
corría peligro su honestidad, y en la ida iba contra el mandamiento de su
esposo.
»En fin, se resolvió en lo que le estuvo peor, que fue en el quedarse, con
determinación de no huir la presencia de Lotario, por no dar que decir a
sus criados; y ya le pesaba de haber escrito lo que escribió a su esposo,
temerosa de que no pensase que Lotario había visto en ella alguna
desenvoltura que le hubiese movido a no guardalle el decoro que debía.
Pero, fiada en su bondad, se fió en Dios y en su buen pensamiento, con que
pensaba resistir callando a todo aquello que Lotario decirle quisiese, sin
dar más cuenta a su marido, por no ponerle en alguna pendencia y trabajo. Y
aun andaba buscando manera como disculpar a Lotario con Anselmo, cuando le
preguntase la ocasión que le había movido a escribirle aquel papel. Con
estos pensamientos, más honrados que acertados ni provechosos, estuvo otro
día escuchando a Lotario, el cual cargó la mano de manera que comenzó a
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