Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.243
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mayor mal, determinó de contentarle y hacer lo que le pedía, con propósito
e intención de guiar aquel negocio de modo que, sin alterar los
pensamientos de Camila, quedase Anselmo satisfecho; y así, le respondió que
no comunicase su pensamiento con otro alguno, que él tomaba a su cargo
aquella empresa, la cual comenzaría cuando a él le diese más gusto.
Abrazóle Anselmo tierna y amorosamente, y agradecióle su ofrecimiento, como
si alguna grande merced le hubiera hecho; y quedaron de acuerdo entre los
dos que desde otro día siguiente se comenzase la obra; que él le daría
lugar y tiempo como a sus solas pudiese hablar a Camila, y asimesmo le
daría dineros y joyas que darla y que ofrecerla. Aconsejóle que le diese
músicas, que escribiese versos en su alabanza, y que, cuando él no quisiese
tomar trabajo de hacerlos, él mesmo los haría. A todo se ofreció Lotario,
bien con diferente intención que Anselmo pensaba.
»Y con este acuerdo se volvieron a casa de Anselmo, donde hallaron a Camila
con ansia y cuidado, esperando a su esposo, porque aquel día tardaba en
venir más de lo acostumbrado.
»Fuese Lotario a su casa, y Anselmo quedó en la suya, tan contento como
Lotario fue pensativo, no sabiendo qué traza dar para salir bien de aquel
impertinente negocio. Pero aquella noche pensó el modo que tendría para
engañar a Anselmo, sin ofender a Camila; y otro día vino a comer con su
amigo, y fue bien recebido de Camila, la cual le recebía y regalaba con
mucha voluntad, por entender la buena que su esposo le tenía.
»Acabaron de comer, levantaron los manteles y Anselmo dijo a Lotario que se
quedase allí con Camila, en tanto que él iba a un negocio forzoso, que
dentro de hora y media volvería. Rogóle Camila que no se fuese y Lotario se
ofreció a hacerle compañía, más nada aprovechó con Anselmo; antes,
importunó a Lotario que se quedase y le aguardase, porque tenía que tratar
con él una cosa de mucha importancia. Dijo también a Camila que no dejase
solo a Lotario en tanto que él volviese. En efeto, él supo tan bien fingir
la necesidad, o necedad, de su ausencia, que nadie pudiera entender que era
fingida. Fuese Anselmo, y quedaron solos a la mesa Camila y Lotario, porque
la demás gente de casa toda se había ido a comer. Viose Lotario puesto en
la estacada que su amigo deseaba y con el enemigo delante, que pudiera
vencer con sola su hermosura a un escuadrón de caballeros armados: mirad si
era razón que le temiera Lotario.
»Pero lo que hizo fue poner el codo sobre el brazo de la silla y la mano
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