Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.242
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perderás será tanto que lo dejaré en su punto, porque me faltan palabras
para encarecerlo. Pero si todo cuanto he dicho no basta a moverte de tu mal
propósito, bien puedes buscar otro instrumento de tu deshonra y desventura,
que yo no pienso serlo, aunque por ello pierda tu amistad, que es la mayor
pérdida que imaginar puedo.
»Calló, en diciendo esto, el virtuoso y prudente Lotario, y Anselmo quedó
tan confuso y pensativo que por un buen espacio no le pudo responder
palabra; pero, en fin, le dijo:
»-Con la atención que has visto he escuchado, Lotario amigo, cuanto has
querido decirme, y en tus razones, ejemplos y comparaciones he visto la
mucha discreción que tienes y el estremo de la verdadera amistad que
alcanzas; y ansimesmo veo y confieso que si no sigo tu parecer y me voy
tras el mío, voy huyendo del bien y corriendo tras el mal. Prosupuesto
esto, has de considerar que yo padezco ahora la enfermedad que suelen tener
algunas mujeres, que se les antoja comer tierra, yeso, carbón y otras cosas
peores, aun asquerosas para mirarse, cuanto más para comerse; así que, es
menester usar de algún artificio para que yo sane, y esto se podía hacer
con facilidad, sólo con que comiences, aunque tibia y fingidamente, a
solicitar a Camila, la cual no ha de ser tan tierna que a los primeros
encuentros dé con su honestidad por tierra; y con solo este principio
quedaré contento y tú habrás cumplido con lo que debes a nuestra amistad,
no solamente dándome la vida, sino persuadiéndome de no verme sin honra. Y
estás obligado a hacer esto por una razón sola; y es que, estando yo, como
estoy, determinado de poner en plática esta prueba, no has tú de consentir
que yo dé cuenta de mi desatino a otra persona, con que pondría en aventura
el honor que tú procuras que no pierda; y, cuando el tuyo no esté en el
punto que debe en la intención de Camila en tanto que la solicitares,
importa poco o nada, pues con brevedad, viendo en ella la entereza que
esperamos, le podrás decir la pura verdad de nuestro artificio, con que
volverá tu crédito al ser primero. Y, pues tan poco aventuras y tanto
contento me puedes dar aventurándote, no lo dejes de hacer, aunque más
inconvenientes se te pongan delante, pues, como ya he dicho, con sólo que
comiences daré por concluida la causa.
»Viendo Lotario la resoluta voluntad de Anselmo, y no sabiendo qué más
ejemplos traerle ni qué más razones mostrarle para que no la siguiese, y
viendo que le amenazaba que daría a otro cuenta de su mal deseo, por evitar
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