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Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.241

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y poco recato estorbar su desgracia, con todo, le llaman y le nombran con
nombre de vituperio y bajo; y en cierta manera le miran, los que la maldad
de su mujer saben, con ojos de menosprecio, en cambio de mirarle con los de
lástima, viendo que no por su culpa, sino por el gusto de su mala
compañera, está en aquella desventura. Pero quiérote decir la causa por que
con justa razón es deshonrado el marido de la mujer mala, aunque él no sepa
que lo es, ni tenga culpa, ni haya sido parte, ni dado ocasión, para que
ella lo sea. Y no te canses de oírme, que todo ha de redundar en tu
provecho. Cuando Dios crió a nuestro primero padre en el Paraíso terrenal,
dice la Divina Escritura que infundió Dios sueño en Adán, y que, estando
durmiendo, le sacó una costilla del lado siniestro, de la cual formó a
nuestra madre Eva; y, así como Adán despertó y la miró, dijo: ´´Ésta es
carne de mi carne y hueso de mis huesos´´. Y Dios dijo: ´´Por ésta dejará
el hombre a su padre y madre, y serán dos en una carne misma´´. Y entonces
fue instituido el divino sacramento del matrimonio, con tales lazos que
sola la muerte puede desatarlos. Y tiene tanta fuerza y virtud este
milagroso sacramento, que hace que dos diferentes personas sean una mesma
carne; y aún hace más en los buenos casados, que, aunque tienen dos almas,
no tienen más de una voluntad. Y de aquí viene que, como la carne de la
esposa sea una mesma con la del esposo, las manchas que en ella caen, o los
defectos que se procura, redundan en la carne del marido, aunque él no haya
dado, como queda dicho, ocasión para aquel daño. Porque, así como el dolor
del pie o de cualquier miembro del cuerpo humano le siente todo el cuerpo,
por ser todo de una carne mesma, y la cabeza siente el daño del tobillo,
sin que ella se le haya causado, así el marido es participante de la
deshonra de la mujer, por ser una mesma cosa con ella. Y como las honras y
deshonras del mundo sean todas y nazcan de carne y sangre, y las de la
mujer mala sean deste género, es forzoso que al marido le quepa parte
dellas, y sea tenido por deshonrado sin que él lo sepa. Mira, pues, ¡oh
Anselmo!, al peligro que te pones en querer turbar el sosiego en que tu
buena esposa vive. Mira por cuán vana e impertinente curiosidad quieres
revolver los humores que ahora están sosegados en el pecho de tu casta
esposa. Advierte que lo que aventuras a ganar es poco, y que lo que


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