Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.239
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diamante, y ponerle entre un ayunque y un martillo, y allí, a pura fuerza
de golpes y brazos, probar si es tan duro y tan fino como dicen? Y más, si
lo pusieses por obra; que, puesto caso que la piedra hiciese resistencia a
tan necia prueba, no por eso se le añadiría más valor ni más fama; y si se
rompiese, cosa que podría ser, ¿no se perdería todo? Sí, por cierto,
dejando a su dueño en estimación de que todos le tengan por simple. Pues
haz cuenta, Anselmo amigo, que Camila es fínisimo diamante, así en tu
estimación como en la ajena, y que no es razón ponerla en contingencia de
que se quiebre, pues, aunque se quede con su entereza, no puede subir a más
valor del que ahora tiene; y si faltase y no resistiese, considera desde
ahora cuál quedarías sin ella, y con cuánta razón te podrías quejar de ti
mesmo, por haber sido causa de su perdición y la tuya. Mira que no hay joya
en el mundo que tanto valga como la mujer casta y honrada, y que todo el
honor de las mujeres consiste en la opinión buena que dellas se tiene; y,
pues la de tu esposa es tal que llega al estremo de bondad que sabes, ¿para
qué quieres poner esta verdad en duda? Mira, amigo, que la mujer es animal
imperfecto, y que no se le han de poner embarazos donde tropiece y caiga,
sino quitárselos y despejalle el camino de cualquier inconveniente, para
que sin pesadumbre corra ligera a alcanzar la perfeción que le falta, que
consiste en el ser virtuosa. Cuentan los naturales que el arminio es un
animalejo que tiene una piel blanquísima, y que cuando quieren cazarle, los
cazadores usan deste artificio: que, sabiendo las partes por donde suele
pasar y acudir, las atajan con lodo, y después, ojeándole, le encaminan
hacia aquel lugar, y así como el arminio llega al lodo, se está quedo y se
deja prender y cautivar, a trueco de no pasar por el cieno y perder y
ensuciar su blancura, que la estima en más que la libertad y la vida. La
honesta y casta mujer es arminio, y es más que nieve blanca y limpia la
virtud de la honestidad; y el que quisiere que no la pierda, antes la
guarde y conserve, ha de usar de otro estilo diferente que con el arminio
se tiene, porque no le han de poner delante el cieno de los regalos y
servicios de los importunos amantes, porque quizá, y aun sin quizá, no
tiene tanta virtud y fuerza natural que pueda por sí mesma atropellar y
pasar por aquellos embarazos, y es necesario quitárselos y ponerle delante
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