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Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.225

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aunque se escondiese en el vientre de la ballena.
-Así es la verdad -dijo Andrés-, pero no aprovechó nada.
-Ahora verás si aprovecha -dijo don Quijote.
Y, diciendo esto, se levantó muy apriesa y mandó a Sancho que enfrenase a
Rocinante, que estaba paciendo en tanto que ellos comían.
Preguntóle Dorotea qué era lo que hacer quería. Él le respondió que quería
ir a buscar al villano y castigalle de tan mal término, y hacer pagado a
Andrés hasta el último maravedí, a despecho y pesar de cuantos villanos
hubiese en el mundo. A lo que ella respondió que advirtiese que no podía,
conforme al don prometido, entremeterse en ninguna empresa hasta acabar la
suya; y que, pues esto sabía él mejor que otro alguno, que sosegase el
pecho hasta la vuelta de su reino.
-Así es verdad -respondió don Quijote-, y es forzoso que Andrés tenga
paciencia hasta la vuelta, como vos, señora, decís; que yo le torno a jurar
y a prometer de nuevo de no parar hasta hacerle vengado y pagado.
-No me creo desos juramentos -dijo Andrés-; más quisiera tener agora con
qué llegar a Sevilla que todas las venganzas del mundo: déme, si tiene ahí,
algo que coma y lleve, y quédese con Dios su merced y todos los caballeros
andantes; que tan bien andantes sean ellos para consigo como lo han sido
para conmigo.
Sacó de su repuesto Sancho un pedazo de pan y otro de queso, y, dándoselo
al mozo, le dijo:
-Tomá, hermano Andrés, que a todos nos alcanza parte de vuestra desgracia.
-Pues, ¿qué parte os alcanza a vos? -preguntó Andrés.
-Esta parte de queso y pan que os doy -respondió Sancho-, que Dios sabe si
me ha de hacer falta o no; porque os hago saber, amigo, que los escuderos
de los caballeros andantes estamos sujetos a mucha hambre y a mala ventura,
y aun a otras cosas que se sienten mejor que se dicen.
Andrés asió de su pan y queso, y, viendo que nadie le daba otra cosa, abajó
su cabeza y tomó el camino en las manos, como suele decirse. Bien es verdad
que, al partirse, dijo a don Quijote:
-Por amor de Dios, señor caballero andante, que si otra vez me encontrare,
aunque vea que me hacen pedazos, no me socorra ni ayude, sino déjeme con mi
desgracia; que no será tanta, que no sea mayor la que me vendrá de su ayuda
de vuestra merced, a quien Dios maldiga, y a todos cuantos caballeros
andantes han nacido en el mundo.
Íbase a levantar don Quijote para castigalle, mas él se puso a correr de
modo que ninguno se atrevió a seguille. Quedó corridísimo don Quijote del


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