Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.224
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vi, le pregunté la causa de tan atroz vapulamiento; respondió el zafio que
le azotaba porque era su criado, y que ciertos descuidos que tenía nacían
más de ladrón que de simple; a lo cual este niño dijo: ´´Señor, no me azota
sino porque le pido mi salario´´. El amo replicó no sé qué arengas y
disculpas, las cuales, aunque de mí fueron oídas, no fueron admitidas. En
resolución, yo le hice desatar, y tomé juramento al villano de que le
llevaría consigo y le pagaría un real sobre otro, y aun sahumados. ¿No es
verdad todo esto, hijo Andrés? ¿No notaste con cuánto imperio se lo mandé,
y con cuánta humildad prometió de hacer todo cuanto yo le impuse, y
notifiqué y quise? Responde; no te turbes ni dudes en nada: di lo que pasó
a estos señores, porque se vea y considere ser del provecho que digo haber
caballeros andantes por los caminos.
-Todo lo que vuestra merced ha dicho es mucha verdad -respondió el
muchacho-, pero el fin del negocio sucedió muy al revés de lo que vuestra
merced se imagina.
-¿Cómo al revés? -replicó don Quijote-; luego, ¿no te pagó el villano?
-No sólo no me pagó -respondió el muchacho-, pero, así como vuestra merced
traspuso del bosque y quedamos solos, me volvió a atar a la mesma encina, y
me dio de nuevo tantos azotes que quedé hecho un San Bartolomé desollado;
y, a cada azote que me daba, me decía un donaire y chufeta acerca de hacer
burla de vuestra merced, que, a no sentir yo tanto dolor, me riera de lo
que decía. En efeto: él me paró tal, que hasta ahora he estado curándome en
un hospital del mal que el mal villano entonces me hizo. De todo lo cual
tiene vuestra merced la culpa, porque si se fuera su camino adelante y no
viniera donde no le llamaban, ni se entremetiera en negocios ajenos, mi amo
se contentara con darme una o dos docenas de azotes, y luego me soltara y
pagara cuanto me debía. Mas, como vuestra merced le deshonró tan sin
propósito y le dijo tantas villanías, encendiósele la cólera, y, como no la
pudo vengar en vuestra merced, cuando se vio solo descargó sobre mí el
nublado, de modo que me parece que no seré más hombre en toda mi vida.
-El daño estuvo -dijo don Quijote- en irme yo de allí; que no me había de
ir hasta dejarte pagado, porque bien debía yo de saber, por luengas
experiencias, que no hay villano que guarde palabra que tiene, si él vee
que no le está bien guardalla. Pero ya te acuerdas, Andrés, que yo juré que
si no te pagaba, que había de ir a buscarle, y que le había de hallar,
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