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Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.222

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luego en el primer lugar que haya cura; y si no, ahí está nuestro
licenciado, que lo hará de perlas. Y advierta que ya tengo edad para dar
consejos, y que este que le doy le viene de molde, y que más vale pájaro en
mano que buitre volando, porque quien bien tiene y mal escoge, por bien que
se enoja no se venga.
-Mira, Sancho -respondió don Quijote-: si el consejo que me das de que me
case es porque sea luego rey, en matando al gigante, y tenga cómodo para
hacerte mercedes y darte lo prometido, hágote saber que sin casarme podré
cumplir tu deseo muy fácilmente, porque yo sacaré de adahala, antes de
entrar en la batalla, que, saliendo vencedor della, ya que no me case, me
han de dar una parte del reino, para que la pueda dar a quien yo quisiere;
y, en dándomela, ¿a quién quieres tú que la dé sino a ti?
-Eso está claro -respondió Sancho-, pero mire vuestra merced que la escoja
hacia la marina, porque, si no me contentare la vivienda, pueda embarcar
mis negros vasallos y hacer dellos lo que ya he dicho. Y vuestra merced no
se cure de ir por agora a ver a mi señora Dulcinea, sino váyase a matar al
gigante, y concluyamos este negocio; que por Dios que se me asienta que ha
de ser de mucha honra y de mucho provecho.
-Dígote, Sancho -dijo don Quijote-, que estás en lo cierto, y que habré de
tomar tu consejo en cuanto el ir antes con la princesa que a ver a
Dulcinea. Y avísote que no digas nada a nadie, ni a los que con nosotros
vienen, de lo que aquí hemos departido y tratado; que, pues Dulcinea es tan
recatada que no quiere que se sepan sus pensamientos, no será bien que yo,
ni otro por mí, los descubra.
-Pues si eso es así -dijo Sancho-, ¿cómo hace vuestra merced que todos los
que vence por su brazo se vayan a presentar ante mi señora Dulcinea, siendo
esto firma de su nombre que la quiere bien y que es su enamorado? Y, siendo
forzoso que los que fueren se han de ir a hincar de finojos ante su
presencia, y decir que van de parte de vuestra merced a dalle la
obediencia, ¿cómo se pueden encubrir los pensamientos de entrambos?
-¡Oh, qué necio y qué simple que eres! -dijo don Quijote-. ¿Tú no ves,
Sancho, que eso todo redunda en su mayor ensalzamiento? Porque has de saber
que en este nuestro estilo de caballería es gran honra tener una dama
muchos caballeros andantes que la sirvan, sin que se estiendan más sus
pensamientos que a servilla, por sólo ser ella quien es, sin esperar otro


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