Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.217
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ella no lo haya, sólo por ser cosa de vuestra merced.
-No tornes a esas pláticas, Sancho, por tu vida -dijo don Quijote-, que me
dan pesadumbre; ya te perdoné entonces, y bien sabes tú que suele decirse:
a pecado nuevo, penitencia nueva.
En tanto que los dos iban en estas pláticas, dijo el cura a Dorotea que
había andado muy discreta, así en el cuento como en la brevedad dél, y en
la similitud que tuvo con los de los libros de caballerías. Ella dijo que
muchos ratos se había entretenido en leellos, pero que no sabía ella dónde
eran las provincias ni puertos de mar, y que así había dicho a tiento que
se había desembarcado en Osuna.
-Yo lo entendí así -dijo el cura-, y por eso acudí luego a decir lo que
dije, con que se acomodó todo. Pero, ¿no es cosa estraña ver con cuánta
facilidad cree este desventurado hidalgo todas estas invenciones y
mentiras, sólo porque llevan el estilo y modo de las necedades de sus
libros?
-Sí es -dijo Cardenio-, y tan rara y nunca vista, que yo no sé si queriendo
inventarla y fabricarla mentirosamente, hubiera tan agudo ingenio que
pudiera dar en ella.
-Pues otra cosa hay en ello -dijo el cura-: que fuera de las simplicidades
que este buen hidalgo dice tocantes a su locura, si le tratan de otras
cosas, discurre con bonísimas razones y muestra tener un entendimiento
claro y apacible en todo. De manera que, como no le toquen en sus
caballerías, no habrá nadie que le juzgue sino por de muy buen
entendimiento.
En tanto que ellos iban en esta conversación, prosiguió don Quijote con la
suya y dijo a Sancho:
-Echemos, Panza amigo, pelillos a la mar en esto de nuestras pendencias, y
dime ahora, sin tener cuenta con enojo ni rencor alguno: ¿Dónde, cómo y
cuándo hallaste a Dulcinea? ¿Qué hacía? ¿Qué le dijiste? ¿Qué te respondió?
¿Qué rostro hizo cuando leía mi carta? ¿Quién te la trasladó? Y todo
aquello que vieres que en este caso es digno de saberse, de preguntarse y
satisfacerse, sin que añadas o mientas por darme gusto, ni menos te acortes
por no quitármele.
-Señor -respondió Sancho-, si va a decir la verdad, la carta no me la
trasladó nadie, porque yo no llevé carta alguna.
-Así es como tú dices -dijo don Quijote-, porque el librillo de memoria
donde yo la escribí le hallé en mi poder a cabo de dos días de tu partida,
lo cual me causó grandísima pena, por no saber lo que habías tú de hacer
cuando te vieses sin carta, y creí siempre que te volvieras desde el lugar
donde la echaras menos.
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