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Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.216

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En lo de la
hermosura no me entremeto; que, en verdad, si va a decirla, que entrambas
me parecen bien, puesto que yo nunca he visto a la señora Dulcinea.
-¿Cómo que no la has visto, traidor blasfemo? -dijo don Quijote-. Pues, ¿no
acabas de traerme ahora un recado de su parte?
-Digo que no la he visto tan despacio -dijo Sancho- que pueda haber notado
particularmente su hermosura y sus buenas partes punto por punto; pero así,
a bulto, me parece bien.
-Ahora te disculpo -dijo don Quijote-, y perdóname el enojo que te he dado,
que los primeros movimientos no son en manos de los hombres.
-Ya yo lo veo -respondió Sancho-; y así, en mí la gana de hablar siempre es
primero movimiento, y no puedo dejar de decir, por una vez siquiera, lo que
me viene a la lengua.
-Con todo eso -dijo don Quijote-, mira, Sancho, lo que hablas, porque
tantas veces va el cantarillo a la fuente..., y no te digo más.
-Ahora bien -respondió Sancho-, Dios está en el cielo, que ve las trampas,
y será juez de quién hace más mal: yo en no hablar bien, o vuestra merced
en obrallo.
-No haya más -dijo Dorotea-: corred, Sancho, y besad la mano a vuestro
señor, y pedilde perdón, y de aquí adelante andad más atentado en vuestras
alabanzas y vituperios, y no digáis mal de aquesa señora Tobosa, a quien yo
no conozco si no es para servilla, y tened confianza en Dios, que no os ha
de faltar un estado donde viváis como un príncipe.
Fue Sancho cabizbajo y pidió la mano a su señor, y él se la dio con
reposado continente; y, después que se la hubo besado, le echó la
bendición, y dijo a Sancho que se adelantasen un poco, que tenía que
preguntalle y que departir con él cosas de mucha importancia. Hízolo así
Sancho y apartáronse los dos algo adelante, y díjole don Quijote:
-Después que veniste, no he tenido lugar ni espacio para preguntarte muchas
cosas de particularidad acerca de la embajada que llevaste y de la
respuesta que trujiste; y ahora, pues la fortuna nos ha concedido tiempo y
lugar, no me niegues tú la ventura que puedes darme con tan buenas nuevas.
-Pregunte vuestra merced lo que quisiere -respondió Sancho-, que a todo
daré tan buena salida como tuve la entrada. Pero suplico a vuestra merced,
señor mío, que no sea de aquí adelante tan vengativo.
-¿Por qué lo dices, Sancho? -dijo don Quijote.
-Dígolo -respondió- porque estos palos de agora más fueron por la pendencia
que entre los dos trabó el diablo la otra noche, que por lo que dije contra
mi señora Dulcinea, a quien amo y reverencio como a una reliquia, aunque en


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