Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.215
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ofrece? ¿Es, por dicha, más hermosa mi señora Dulcinea? No, por cierto, ni
aun con la mitad, y aun estoy por decir que no llega a su zapato de la que
está delante. Así, noramala alcanzaré yo el condado que espero, si vuestra
merced se anda a pedir cotufas en el golfo. Cásese, cásese luego,
encomiéndole yo a Satanás, y tome ese reino que se le viene a las manos de
vobis, vobis, y, en siendo rey, hágame marqués o adelantado, y luego,
siquiera se lo lleve el diablo todo.
Don Quijote, que tales blasfemias oyó decir contra su señora Dulcinea, no
lo pudo sufrir, y, alzando el lanzón, sin hablalle palabra a Sancho y sin
decirle esta boca es mía, le dio tales dos palos que dio con él en tierra;
y si no fuera porque Dorotea le dio voces que no le diera más, sin duda le
quitara allí la vida.
-¿Pensáis -le dijo a cabo de rato-, villano ruin, que ha de haber lugar
siempre para ponerme la mano en la horcajadura, y que todo ha de ser errar
vos y perdonaros yo? Pues no lo penséis, bellaco descomulgado, que sin duda
lo estás, pues has puesto lengua en la sin par Dulcinea. ¿Y no sabéis vos,
gañán, faquín, belitre, que si no fuese por el valor que ella infunde en mi
brazo, que no le tendría yo para matar una pulga? Decid, socarrón de lengua
viperina, ¿y quién pensáis que ha ganado este reino y cortado la cabeza a
este gigante, y héchoos a vos marqués, que todo esto doy ya por hecho y por
cosa pasada en cosa juzgada, si no es el valor de Dulcinea, tomando a mi
brazo por instrumento de sus hazañas? Ella pelea en mí, y vence en mí, y yo
vivo y respiro en ella, y tengo vida y ser. ¡Oh hideputa bellaco, y cómo
sois desagradecido: que os veis levantado del polvo de la tierra a ser
señor de título, y correspondéis a tan buena obra con decir mal de quien os
la hizo!
No estaba tan maltrecho Sancho que no oyese todo cuanto su amo le decía, y,
levantándose con un poco de presteza, se fue a poner detrás del palafrén de
Dorotea, y desde allí dijo a su amo:
-Dígame, señor: si vuestra merced tiene determinado de no casarse con esta
gran princesa, claro está que no será el reino suyo; y, no siéndolo, ¿qué
mercedes me puede hacer? Esto es de lo que yo me quejo; cásese vuestra
merced una por una con esta reina, ahora que la tenemos aquí como llovida
del cielo, y después puede volverse con mi señora Dulcinea; que reyes debe
de haber habido en el mundo que hayan sido amancebados.
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