Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.205
Indice General
|
Volver
Página 205 de 838
doncella que el sol ha visto. Y si es que el valor de vuestro fuerte brazo
corresponde a la voz de vuestra inmortal fama, obligado estáis a favorecer
a la sin ventura que de tan lueñes tierras viene, al olor de vuestro famoso
nombre, buscándoos para remedio de sus desdichas.
-No os responderé palabra, fermosa señora -respondió don Quijote-, ni oiré
más cosa de vuestra facienda, fasta que os levantéis de tierra.
-No me levantaré, señor -respondió la afligida doncella-, si primero, por
la vuestra cortesía, no me es otorgado el don que pido.
-Yo vos le otorgo y concedo -respondió don Quijote-, como no se haya de
cumplir en daño o mengua de mi rey, de mi patria y de aquella que de mi
corazón y libertad tiene la llave.
-No será en daño ni en mengua de los que decís, mi buen señor -replicó la
dolorosa doncella.
Y, estando en esto, se llegó Sancho Panza al oído de su señor y muy pasito
le dijo:
-Bien puede vuestra merced, señor, concederle el don que pide, que no es
cosa de nada: sólo es matar a un gigantazo, y esta que lo pide es la alta
princesa Micomicona, reina del gran reino Micomicón de Etiopía.
-Sea quien fuere -respondió don Quijote-, que yo haré lo que soy obligado y
lo que me dicta mi conciencia, conforme a lo que profesado tengo.
Y, volviéndose a la doncella, dijo:
-La vuestra gran fermosura se levante, que yo le otorgo el don que pedirme
quisiere.
-Pues el que pido es -dijo la doncella- que la vuestra magnánima persona se
venga luego conmigo donde yo le llevare, y me prometa que no se ha de
entremeter en otra aventura ni demanda alguna hasta darme venganza de un
traidor que, contra todo derecho divino y humano, me tiene usurpado mi
reino.
-Digo que así lo otorgo -respondió don Quijote-, y así podéis, señora,
desde hoy más, desechar la malenconía que os fatiga y hacer que cobre
nuevos bríos y fuerzas vuestra desmayada esperanza; que, con el ayuda de
Dios y la de mi brazo, vos os veréis presto restituida en vuestro reino y
sentada en la silla de vuestro antiguo y grande estado, a pesar y a
despecho de los follones que contradecirlo quisieren. Y manos a labor, que
en la tardanza dicen que suele estar el peligro.
La menesterosa doncella pugnó, con mucha porfía, por besarle las manos, mas
don Quijote, que en todo era comedido y cortés caballero, jamás lo
consintió; antes, la hizo levantar y la abrazó con mucha cortesía y
comedimiento, y mandó a Sancho que requiriese las cinchas a Rocinante y le
armase luego al punto. Sancho descolgó las armas, que, como trofeo, de un
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
201
202
203
204
205
206
207
208
209
210
211
212
213
214
215
216
217
218
219
220
221
222
223
224
225
226
227
228
229
230
231
232
233
234
235
236
237
238
239
240
241
242
243
244
245
246
247
248
249
250
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-150
151-200
201-250
251-300
301-350
351-400
401-450
451-500
501-550
551-600
601-650
651-700
701-750
751-800
801-838
|