Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.202
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besárselos; mas no lo consintió Cardenio, y el licenciado respondió por
entrambos, y aprobó el buen discurso de Cardenio, y, sobre todo, les rogó,
aconsejó y persuadió que se fuesen con él a su aldea, donde se podrían
reparar de las cosas que les faltaban, y que allí se daría orden cómo
buscar a don Fernando, o cómo llevar a Dorotea a sus padres, o hacer lo que
más les pareciese conveniente. Cardenio y Dorotea se lo agradecieron, y
acetaron la merced que se les ofrecía. El barbero, que a todo había estado
suspenso y callado, hizo también su buena plática y se ofreció con no menos
voluntad que el cura a todo aquello que fuese bueno para servirles.
Contó asimesmo con brevedad la causa que allí los había traído, con la
estrañeza de la locura de don Quijote, y cómo aguardaban a su escudero, que
había ido a buscalle. Vínosele a la memoria a Cardenio, como por sueños, la
pendencia que con don Quijote había tenido y contóla a los demás, mas no
supo decir por qué causa fue su quistión.
En esto, oyeron voces, y conocieron que el que las daba era Sancho Panza,
que, por no haberlos hallado en el lugar donde los dejó, los llamaba a
voces. Saliéronle al encuentro, y, preguntándole por don Quijote, les dijo
cómo le había hallado desnudo en camisa, flaco, amarillo y muerto de
hambre, y suspirando por su señora Dulcinea; y que, puesto que le había
dicho que ella le mandaba que saliese de aquel lugar y se fuese al del
Toboso, donde le quedaba esperando, había respondido que estaba determinado
de no parecer ante su fermosura fasta que hobiese fecho fazañas que le
ficiesen digno de su gracia. Y que si aquello pasaba adelante, corría
peligro de no venir a ser emperador, como estaba obligado, ni aun
arzobispo, que era lo menos que podía ser. Por eso, que mirasen lo que se
había de hacer para sacarle de allí.
El licenciado le respondió que no tuviese pena, que ellos le sacarían de
allí, mal que le pesase. Contó luego a Cardenio y a Dorotea lo que tenían
pensado para remedio de don Quijote, a lo menos para llevarle a su casa. A
lo cual dijo Dorotea que ella haría la doncella menesterosa mejor que el
barbero, y más, que tenía allí vestidos con que hacerlo al natural, y que
la dejasen el cargo de saber representar todo aquello que fuese menester
para llevar adelante su intento, porque ella había leído muchos libros de
caballerías y sabía bien el estilo que tenían las doncellas cuitadas cuando
pedían sus dones a los andantes caballeros.
-Pues no es menester más -dijo el cura- sino que luego se ponga por obra;
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