Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.101
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de neguijón ni de reuma alguna.
-Pues en esta parte de abajo -dijo Sancho- no tiene vuestra merced más de
dos muelas y media, y en la de arriba, ni media ni ninguna, que toda está
rasa como la palma de la mano.
-¡Sin ventura yo! -dijo don Quijote, oyendo las tristes nuevas que su
escudero le daba-, que más quisiera que me hubieran derribado un brazo,
como no fuera el de la espada; porque te hago saber, Sancho, que la boca
sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un
diente que un diamante. Mas a todo esto estamos sujetos los que profesamos
la estrecha orden de la caballería. Sube, amigo, y guía, que yo te seguiré
al paso que quisieres.
Hízolo así Sancho, y encaminóse hacia donde le pareció que podía hallar
acogimiento, sin salir del camino real, que por allí iba muy seguido.
Yéndose, pues, poco a poco, porque el dolor de las quijadas de don Quijote
no le dejaba sosegar ni atender a darse priesa, quiso Sancho entretenelle y
divertille diciéndole alguna cosa; y, entre otras que le dijo, fue lo que
se dirá en el siguiente capítulo.
Capítulo XIX. De las discretas razones que Sancho pasaba con su amo, y de
la aventura que le sucedió con un cuerpo muerto, con otros acontecimientos
famosos
-Paréceme, señor mío, que todas estas desventuras que estos días nos han
sucedido, sin duda alguna han sido pena del pecado cometido por vuestra
merced contra la orden de su caballería, no habiendo cumplido el juramento
que hizo de no comer pan a manteles ni con la reina folgar, con todo
aquello que a esto se sigue y vuestra merced juró de cumplir, hasta quitar
aquel almete de Malandrino, o como se llama el moro, que no me acuerdo
bien.
-Tienes mucha razón, Sancho -dijo don Quijote-; mas, para decirte verdad,
ello se me había pasado de la memoria; y también puedes tener por cierto
que por la culpa de no habérmelo tú acordado en tiempo te sucedió aquello
de la manta; pero yo haré la enmienda, que modos hay de composición en la
orden de la caballería para todo.
-Pues, ¿juré yo algo, por dicha? -respondió Sancho.
-No importa que no hayas jurado -dijo don Quijote-: basta que yo entiendo
que de participantes no estás muy seguro, y, por sí o por no, no será malo
proveernos de remedio.
-Pues si ello es así -dijo Sancho-, mire vuestra merced no se le torne a
olvidar esto, como lo del juramento; quizá les volverá la gana a las
fantasmas de solazarse otra vez conmigo, y aun con vuestra merced si le ven
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