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Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes Saavedra) - pág.73

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buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con tan
honesta intención vive.
O ya que fuese por las amenazas de don Quijote, o porque Ambrosio les dijo
que concluyesen con lo que a su buen amigo debían, ninguno de los pastores
se movió ni apartó de allí hasta que, acabada la sepultura y abrasados los
papeles de Grisóstomo, pusieron su cuerpo en ella, no sin muchas lágrimas
de los circunstantes. Cerraron la sepultura con una gruesa peña, en tanto
que se acababa una losa que, según Ambrosio dijo, pensaba mandar hacer, con
un epitafio que había de decir desta manera:

Yace aquí de un amador
el mísero cuerpo helado,
que fue pastor de ganado,
perdido por desamor.
Murió a manos del rigor
de una esquiva hermosa ingrata,
con quien su imperio dilata
la tiranía de su amor.

Luego esparcieron por cima de la sepultura muchas flores y ramos, y, dando
todos el pésame a su amigo Ambrosio, se despidieron dél. Lo mesmo hicieron
Vivaldo y su compañero, y don Quijote se despidió de sus huéspedes y de los
caminantes, los cuales le rogaron se viniese con ellos a Sevilla, por ser
lugar tan acomodado a hallar aventuras, que en cada calle y tras cada
esquina se ofrecen más que en otro alguno. Don Quijote les agradeció el
aviso y el ánimo que mostraban de hacerle merced, y dijo que por entonces
no quería ni debía ir a Sevilla, hasta que hubiese despojado todas aquellas
sierras de ladrones malandrines, de quien era fama que todas estaban
llenas. Viendo su buena determinación, no quisieron los caminantes
importunarle más, sino, tornándose a despedir de nuevo, le dejaron y
prosiguieron su camino, en el cual no les faltó de qué tratar, así de la
historia de Marcela y Grisóstomo como de las locuras de don Quijote. El
cual determinó de ir a buscar a la pastora Marcela y ofrecerle todo lo que
él podía en su servicio. Mas no le avino como él pensaba, según se cuenta
en el discurso desta verdadera historia, dando aquí fin la segunda parte.


Tercera parte del ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha


Capítulo XV. Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don
Quijote en topar con unos desalmados yangüeses

Cuenta el sabio Cide Hamete Benengeli que, así como don Quijote se despidió
de sus huéspedes y de todos los que se hallaron al entierro del pastor
Grisóstomo, él y su escudero se entraron por el mesmo bosque donde vieron
que se había entrado la pastora Marcela; y, habiendo andado más de dos
horas por él, buscándola por todas partes sin poder hallarla, vinieron a


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