Sonetos (William Shakespeare) - pág.33
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Es locura el asedio y la conquista,
Los trabajos del antes y el durante,
Es júbilo deseado y triunfo amargo,
Alegría primero, después sueño.
Y sabiéndolo todos nadie sabe Sortear el cielo que nos da ese infierno.
130
Los ojos de mi amada no son soles,
El coral es más rojo que sus labios,
No tiene pechos níveos, mas morenos,
Y pelo renegrido, no hebras de oro;
He visto rosas rojas, rosas blancas,
Mas no vi rosa alguna en sus mejillas,
Y hay aromas que son más deleitables
Que el aliento que exhala mi señora.
Me encanta oirla hablar, mas a mi juicio
La música es más grata a los oídos.
Jamás he visto diosas os lo juro,
Pues ella al caminar pisa la tierra.
Pero es beldad tan rara cual las otras Con símiles falaces exaltadas.
131
Tiránica, siendo como eres,
Eres como quienes por ser bellas
Son crueles. pues sé bien que no ignoras
Que en mi pecho eres joya muy preciada.
Y a fe que algunos dicen, al mirarte,
Que nadie gemiría por tu rostro;
Si a negar cuanto dicen no me atrevo
A solas juro que ellos se equivocan,
Y que no juro en vano mil gemidos
Que exhalo por tu rostro lo atestiguan,
Y agolpándose claman que lo negro
Altísima belleza es a mi juicio.
Eres negra tan sólo por tus actos, Y de allí que poseas negra fama.
132
Amo esos ojos que apiadados Del tormento que tu desdén me inflige Se han vestido de negro y dulcifican Cual un bálsamo tierno mis dolores Y en verdad, ni el sol de la mañana En las grises mejillas del oriente Ni la lúcida estrella vespertina En el poniente y su serena gloria Brillan cual tus ojos enlutados. También tu corazón se digne entonces Llorar por mí, si el luto te es propicio, Compartan tu piedad todas tus partes,
Y juraré que la belleza es negra, Y detestables los matices claros.
133
Maldito el corazón que me tortura Con herida infligida doblemente, Pues no contento con atormentarme Esclavo de un esclavo hace a un amigo. Con tu ojo cruel me trastornaste Y luego me quitaste a quien me amaba, De él, de mí y de ti soy despojado, Y un triple padecer sufro tres veces Enciérrame en la cárcel de tu pecho Más suelta a quien tienes prisionero Y deja que en mi pecho lo encarcele, Que allí de tu rigor estará a salvo.
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