Sonetos (William Shakespeare) - pág.32
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¿Por qué tu pabellón sustentaría, Lo exterior celebrando externamente, O echaría cimientos sempiternos Que serán pronto ruinas y despojos? ¿No he visto a quienes aman la apariencia Perderlo todo y más despilfarrando Por gustar de sabores azarosos En ávidas miradas consumidos? Prefiero que en el pecho me recibas Y aceptes mi oblación, si humilde franca, Harina pura y sin más artificios Que un recíproco don, la entrega mutua.
¡Fuera, intrigante! Cuanto más acuses A un alma leal, menos la dañas.
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Oh joven adorable, has detenido
las horas el espejo, la hoz del Tiempo,
Y creciendo embelleces, más lozano
Cuanto más se marchitan tus amantes.
Si Natura, señora de la ruina,
Te retiene aunque sigas avanzando
Una meta persigue: que tu ingenio
Agravie al Tiempo, mate los minutos.
Mas témele, aunque seas su dilecto,
Pues no guardará siempre su tesoro.
Aun morosa, tendrá que rendir cuentas Y solo tú podrás saldar la deuda.
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Antaño la negrura no era hermosa,
O si lo era, no le decían bella,
Más lo negro hoy sucede a la belleza,
Con bastardas afrentas difamada.
Pues como todos el poder se arrogan
De velar la fealdad con artes falsas,
La belleza perdió el sagrado nombre
Y vive, profanada, en la ignominia.
Negro es pues el cabello de mi amada,
Y negros como cuervos son sus ojos,
Enlutados porque esos artificios
Con falsedad difaman lo creado.
Y tanto los endiosa el negro luto Que hoy se dice que la belleza es negra.
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Cuando pulsas, mi música, el teclado Con la danza aleteante de tus dedos Y le arrancas con grácil movimiento Acordes que seducen mis oídos, Envidio a los listones que dan brincos Por besarte la palma de la mano, Y la audacia de la madera inerte A mis tímidos labios ruboriza. Por esa sensación se trocarían En las teclas que rozas con dulzura, Dando airosamente al leño muerto Lo que a labios vivientes has negado.
Si tus dedos los hacen tan dichosos, Dáselos, y a mí dame tus labios.
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En cúmulo de afrentas afán vano
Es activo el deseo, que inactivo
Ya es perjuro, malvado y ultrajante,
Pérfido, salvaje, cruel y extremo.
Apenas has gozado lo desprecias;
Primero, a la razón se lo prefiere
Y más que la razón es luego odiado,
Señuelo que arrastra a la locura
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