Sonetos (William Shakespeare) - pág.6
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Cesarían los hombres, no habría mundo.
Sean yermos los que no eligió Natura,
Los rudos y patanes y deformes,
Mas tú, que eres flor de lo escogido,
Sé magnánimo cuanto ella generosa.
Eres su sello, y debes por lo tanto Estamparlo y preservar la efigie.
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Cuento las horas que sumergen
El día airoso en noche aborrecible,
Cuando veo marchitas las violetas
O argentados de blanco rizos negros,
Cuando encuentro desnuda la arboleda
Que fue dosel umbrío del rebaño,
O en gavillas el verde del estío
Y erizado de barbas entrecanas,
Evoco inquisitivo tu belleza,
Que al fin vencerá el Tiempo ineluctable,
Pues gracias y dulzuras se corrompen
Y mueren mientras otras proliferan.
Y no hay defensa contra la hoz del Tiempo Salvo hijos que la burlen cuando partas.
13
Ojalá fueras tuyo, mas lo eres Sólo mientras vivo permanezcas. Contra el fin deberías prepararte Y tu dulce figura dar a otro. La belleza que en préstamo ahora tienes Así no tendría plazo, pues serías Tuyo aún después de haber partido Si otro heredara tu semblanza. ¿Pues quién deja arruinar casa tan bella Si puede preservarla honrosamente De las ráfagas airadas del invierno Y del furor yermo de la muerte helada?
Sólo un pródigo, amor. Tuviste un padre, Que tu hijo también diga lo mismo.
14
No leo en las estrellas ciencia oculta Mas poseo mi propia astrología, Aunque a nadie las suertes anticipe Ni plagas o sequías o cosechas. No adivino destinos minuciosos Señalando trueno o viento o lluvia, Ni el azar que a los príncipes aguarda Vaticinio escrutando el firmamento. Mi sapiencia deriva de tus ojos, Estrellas fijas donde mi arte lee Que belleza y verdad medrarán juntas Si en otro igual a ti las atesoras.
Si no lo haces, yo te profetizo Que belleza y verdad se irán contigo.
15
Cuando pienso que cada criatura Es perfecta apenas un instante, Que cada acto de este gran tablado Las estrellas comentan con sigilo, Y los hombres padecen cual plantas La clemencia y el rigor del mismo cielo, Ascendiendo esbeltos a la cumbre Y luego descendiendo hacia el olvido, Por gracia de esta condición mudable Más valiosa es tu bella lozanía, donde el Tiempo y la ruina se debaten Por cambiar joven día en noche huraña.
Amándote, y en guerra con el Tiempo, De ti quiero fijar lo que él se lleva.
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