Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.48
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Los dardos de su espíritu tienen alas más rápidas que flechas, que alas de fusil, que el viento, que el pensamiento y que las cosas más rápidas. ROSALINA. (Bruscamente.).-Ni una palabra más, hijas mías. Rompamos la charla, rompamos la charla.
(Todas las damas se separan de sus caballeros y entran en su pabellón.)
BEROWNE.-Henos aquí, ¡por el cielo!, bien zarandeados y aún mejor burlados. EL REY.-Adiós, locas doncellas. Estrecho tenéis el espíritu. (El Rey, sus amigos y los músicos se van. Las da-mas vuelven.)
PRINCESA.-Mil veces adiós, moscovitas helados. ¿Era ésta la pléyade de espíritus tan admirados? BOYET.-¡Magníficas antorchas! Ha bastado soplar un poco para apagarlas.
ROSALINA.-¡Oh espíritus hinchados! ¡Gordos! ¡Cebados! PRINCESA.-¡Oh miseria de espíritu!, digo yo. ¡Oh broma real aún más mísera! ¿No os parece que esta noche van a ahorcarse? El tal insolente Berowne estaba completamente desconcertado. ROSALINA.-¿El sólo? Todos estaban en un estado lamentable. Por una palabra amable hubiera llorado el Rey. PRINCESA.-Berowne, falto ya de súplicas, deshacíase en juramentos. MARIA.-Dumaine poníase a mi servicio espada y todo. «¡Envainda!» le he dicho, y ello ha bastado para que quedase mudo. CATALINA.-Mi señor, Longaville, me ha asegurado que le oprimía el corazón. ¿Y sabéis cómo me ha llamado? PRINCESA.-Síncope, sin duda. CATALINA.-¡ Exactamente! PRINCESA.-¡Bien ido!, enfermedad fatal. ROSALINA.-De veras que se hallarían espíritus mejores bajo simples gorros de aprendices por ahí. Claro que he de decir que el Rey es mi amor más rendido.
PRINCESA.-El ardiente Berowne por su fe me ha jurado su pasión. CATALINA.-A creer a Longaville, ha nacido para servirme. MARIA.-Dumaine es más mío que corteza a árbol. BOYET.-Señora, y vosotras; lindas criaturas, escuchadme. Dentro de poco estarán aquí tal como son, pues imposible que digieran tan cruel humillación. PRINCESA.-¿Qué van a volver? BOYET.-Volverán, ¡no han de volver! Y aun saltando de gozo, bien que cojos a causa de los golpes recibidos. Por consiguiente, quitaos los antifaces, cambiad los regalos y descogeos como dulces rosas al soplo del verano. PRINCESA.-¿Qué quieres decir con esto de que nos descojamos? Habla claro. BOYET.-Damas hermosas enmascaradas son rosas en capullo; desenmascaradas y sus suaves colores a la luz del día, tórnanse ángeles despojados de sus velos, rosas ya abiertas. PRINCESA.- ¡Al diablo tanto circunloquio! ¿Qué debemos hacer si vuelven a hacernos la corte en su aspecto natural? ROSALINA.-Excelente señora, si queréis escuchar mi consejo, burlémonos de ellos con la cara descubierta, cual lo hemos hecho con ella tapada.
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