Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.47
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ROSALINA.-No caro: al de vuestra ausencia
EL REY.-Eso no es posible
ROSALINA.-Entonces no podemos ser compra
das. Esto dicho, adiós. Dos veces adiós: dos vece
adiós a vuestra máscara y la mitad de una a vuestr
persona
EL REY.-Si os negáis a bailar, conversemos siquier
unos instantes
ROSALINA.-¿A solas tal vez queréis decir
EL REY. -Mucho más encantado entonces. (Se ale
jan.
BEROWNE.(A la princesa.)-Señora de las blanca
manos, cuanto pido de ti es un poco de dulzura
PRINCESA.-Miel, leche y azúcar ofrezco tres
BEROWNE.-Puesto que os volvéis tan amable, do
blemos la trilogía: hidromiel, hipocrás y malvasía
Seis, hasta en los dados sería un punto magnífico
He aquí, pues, media docena de dulzuras
PRINCESA.-Adiós, a vos la séptima. Puesto qu
hasta con los dados seríais capaz de hacer trampa
no seré yo quien juegue más con Vos
BEROWNE.-¿Y una palabrita en secreto
PRINCESA.-Bien, con tal de que no sea tambié
dulce
BEROWNE.-Has dado donde duele
PRINCESA.-¿Dolor? Amargo, entonces
BEROWNE.-Entonces de acuerdo (Se alejan.
DUMAINE (A María.)-¿Os dignaríais cambiar al
gunas palabras conmigo
MARIA.-Ya escucho
DUMAINE.-Hermosa señora..
MARIA.-¿Son estas vuestras palabras? Pues las d
la hermosa señora son: Hermoso señor..
DUMAINE.-Por favor, una sola palabra, pero
solas. Luego, os diré adiós. (Se alejan asimismo.
CATALINA.(A Longaville.)-¿Es que vuestra careta no tiene lengua? LONGAVILLE.-Conozco la razón, señora, que os mueve a hacer esta pregunta. CATALINA.-Pues decidla pronto, porque estoy en ascuas. LONGAVILLE.-Que tenéis una lengua doble bajo vuestro antifaz y que querríais dar la mitad a mi pobre disfraz nudo. CATALINA.- ¡Excelente, a fe mía! Yo, en vuestro apellido doble, Longaville, veo una lengua de ternero. LONGAVILLE.-¿De ternero, hermosa señora? CATALINA.-Sí, una vulgar lengua de ternero. LONGAVILLE.-Partamos entonces la palabra en dos. CATALINA.-No, yo no quiero ser vuestra mitad; guardad el ternero enterito para vos y destetadle; tal vez pudiera, sólo por burlaros, llegar a hacerse un buey. LONGAVILLE.-Os desgarráis vos misma con vuestra hiriente burla. ¿Es que queréis ponerme cuernos, casta señora? No hagáis tal cosa. CATALINA.-No tenéis sino hacer morir a vuestro ternero antes de que le apunten las astas.
LONGAVILLE.-Concededme en particular una palabra antes de que muera. CATALINA.-Berread bajito entonces, no sea que el carnicero os oiga. (Se alejan.) BOYET.-La lengua de las mujeres burlonas es tan afilada como el corte invisible de una navaja de afeitar, capaz de cortar cabellos no menos invisibles. Tan ágil es su charla, que escapa a la percepción de los sentidos.
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