Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.46
Indice General
|
Volver
Página 46 de 64
De haber recorrido miles de ellas, con facilidad podrán decir la medida de una. BOYET.-Si por venir hasta aquí habéis recorrido leguas, miles de leguas, la princesa pregunta y os or-dena decir cuántas pulgadas tiene una legua. BEROWNE.-Di a la princesa que lo que ha medido las leguas ha sido la fatiga de nuestros pasos. (Las damas se acercan.)
BOYET.-La princesa os escucha. ROSALINA.-Puesto que habéis sufrido la fatiga de recorrer millares de leguas, decidnos cuántos pasos tiene cada una. BEROWNE.-Jamás se nos ocurrió tener en cuenta nada de cuanto por vosotras, señoras, nos costó llegar hasta aquí. Nuestra deuda hacia vos en tan cuantiosa, tan infinita, que podemos siempre obrar sin contar. Dignaos mostrarnos el sol de vuestras caras, para que, cual si fuésemos salvajes, podamos adorarle. ROSALINA.-Mi cara no es sino una luna. Es, incluso, una luna llena de celajes. EL REY-¡Dichosos celajes que tal suerte alcanzan! Dignaos, resplandeciente luna, y lo mismo vosotras,
estrellas, quitar celajes y nubes y lucir con todo es
plendor ante nuestros ojos humedecidos
ROSALINA.- -¡Vana petición! Implorad algo qu
valga la pena, pues poco es solicitar, cual solicitáis
el reflejo de la luna en el agua
EL REY.-Entonces, concedednos al menos uno
pasos de baile. Puesto que me decís que pida, n
creo pedir, pidiendo esto, nada extraño
ROSALINA.-¿Oís, músicos? ¡Tocad! (La música em
pieza a sonar mientras afinan los instrumentos.) ¡Pero dao
prisa! ¡Cómo! ¿Aún no estáis listos? ¡Se acabó en
tonces el baile! Ya lo veis: luna soy y como ell
cambio
EL REY.-¿Que no queréis bailar? ¿Por qué ahor
este capricho
ROSALINA.-Hace un instante la luna estaba llena
ahora ha habido cambio. (Los músicos empiezan a toca
al fin.
EL REY.-No por ello dejáis de ser luna, ni yo el ca
ballero de la luna. Y puesto que la música suena
dignaos seguirla
ROSALINA.-Nuestros oídos lo hacen
EL REY.-Pero son vuestras piernas las que debe
hacerlo
ROSALINA.-Puesto que sois extranjeros venido
aquí de casualidad, no nos haremos rogar. Dadno
la mano... Vamos... a no bailar
EL REY.-¿Para qué entonces darnos la mano
ROSALINA.-Para despedirnos como buenos ami
gos. (Dirigiéndose a las damas.) Ahora, una reverencia
queridas mías, y el paso acabado. (Las cuatro se incli
nan.
EL REY.-Medid con más largueza el paso; no o
hagáis rogar tanto
ROSALINA.-No podemos conceder más por e
precio
EL REY.-Tenéis sino decir en cuanto os estimáis
¿A qué precio se compra vuestra compañía?
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-64
|