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Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.44

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Gestos, palabras, todo se lo han enseñado: «He aquí cómo hablarás», «he aquí cómo te presentarás». A veces les inquieta­ba el recelo de que vuestra majestuosa presencia le hiciera hacerse un taco. El Rey le decía: «Te en­contrarás ante un ángel; pero no te acobardes y ha­bla sin miedo.» -«Un ángel no es malo -respondía el paje-, tendría miedo si en vez de un ángel fuese un diablo.» Oyendo esto, todo fueron carcajadas y gol­pearle amistosamente la espalda, escuchando los elogios, al ya avispado muchacho. Uno se frotaba el codo, de esta manera, desternillándose, y jurando que jamás había oído respuesta más oportuna. Otro hacía castañear su índice contra el pulgar, excla­mando: «¡Magnífico!, haremos la que nos propon­gamos, ocurra lo que ocurra.» El tercero, saltando como un corzo, gritaba: «¡De primera!». El cuarto, al tratar de hacer una pirueta sobre la punta de los pies, rodó por el suelo. ¡Y al suelo fueron todos, tan llenos de risa, que las lágrimas, mensajeras solemnes del dolor, acabaron por llenar sus ojos, calmando con ello su ridícula alegría! PRINCESA.-Pero veamos, ¿es que van a venir a ha­cernos una visita? BOYET.-Por supuesto, que vienen. Y disfrazados, si no me equivoco, de moscovitas o de rusos. Y su intención es charlar, galantear y bailar. Cada uno, además, hará su declaración de amor a su escogida; a la que reconocerá, decían, por los regalos que la han hecho. PRINCESA.-¿De veras? ¡Pues vamos a poner a prueba a esos galanteadores! ¿Me oís? Es preciso que también nos enmascaremos nosotras y que nin­guno de ellos, aunque se deshaga en ruegos, obtenga la gracia de vernos la cara. Toma, Rosalina, tú lleva­rás esta joya, con lo que el Rey te hará la corte cre­yéndose tu bienamada. Tómala y dame la tuya, con objeto de que Berowne me tome a mí por Rosalina. (A Catalina y a María.) Y vosotras lo mismo: cambia­réis vuestros regalos para que vuestros enamorados, engañados por el trueque, hagan el amor entera­mente de través también. ROSALINA.-Sí, sí, y pongamos sus regalos bien a la vista. CATALINA.-Pero, ¿por qué estos cambios?, ¿qué pretendéis con ello? PRINCESA.-Mi propósito no es sino estropear el suyo. Como buscan divertirse a costa nuestra, cuanto me propongo es devolverles burla por burla. Cada uno descubrirá el secreto de su corazón a la que creerá su bienamada, y con ello nosotras sere-mos quienes podremos burlarnos de ellos al volver­nos a encontrar a cara descubierta.


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