Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.39
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Lo que me extraña es que tu amo, tomándote por una palabra, no te haya tragado ya, pues eres menos largo de una cabeza que un honorificabilitudinitatibus. De modo que podría tragarte con más facilidad que a un terrón de azúcar mojado en aguardiente. MOTH.- ¡Silencio, que empieza el fuego! ARMANDO.-(A Holofernes.) Caballero, ¿no sois letrado? MOTH.-Por supuesto; enseña a los niños el alfabeto de cuerno. ¿Qué hacen la be y la e, ésta con un cuernecillo encima? HOLOFERNES.-iBê, pueritia! con acento circunflejo.
MOTH.-¡Bah!, un acento circunflejo son dos cuernos. ¡Topa, carnero! HOLOFERNES.-Quis, quis, ¿Con qué letra rimas? MOTH.-Con la última de las cinco vocales si vos las repetís, o con la quinta si lo hago yo. MOTH.-¡U!, ¡el carnero eres tú! ARMANDO.-¡Por las olas saladas del Mediterráneo, qué botonazo más certero!, ¡lindo envite espiritual! Pin, paun y ¡pan!, ¡derecho al corazón! Esto regocija mi intelecto. ¡He aquí un magnífico dardo certero! MOTH.-Lanzado por un niño a un viejo chocho. HOLOFERNES.-¿Cuál es la figura retórica?, ¿cuál es la figura retórica? MOTH.-¡Dos cuernos! HOLOFERNES.-Razonas como un niño. Anda, vete a jugar al peón. MOTH.-Prestadme vuestros cuernos para hacerme uno y haré bailar con gusto vuestra tontería circum circa. ¡Qué magníficos zuecos se harían con los cuernos de un cornudo! COSTARD.-Habría de no tener sino un penique y te lo daría para que comprases pan de higos ... (busca en su bolsillo.) Toma, aquí tienes, precisamente la remuneración que he recibido de tu amo. Para ti, bolsita llena de ingenio, huevo de paloma lleno de agudeza. Si el cielo hubiese querido que fueras siquiera mi bastardo, ¡qué feliz papaíto hubieras hecho de mí! Anda, monín, que tienes espíritu ad unculem, hasta en las uñas, como suele decirse. HOLOFERNES.-¡Ah!, olfateo un mal latín: unculen por unguem. ARMANDO.-(A Holofernes.) Doctor en artes, preambulate. Distingámonos de los bárbaros. ¿No sois vos quien educáis a la juventud en la escuela gratuita que hay en la cima de la montaña? HOLOFERNES.-¿Queréis decir, sin duda, de la mons, de la colina? ARMANDO.-De la montaña, con vuestra graciosa complacencia. HOLOFERNES.-Pues bien, sí, yo, no hay duda. ARMANDO.-Entonces, caballero, sabed que el infinitamente gracioso placer y deseo del Rey es congratular a la Princesa, en su pabellón, allá en la parte posterior del día, que la grosera multitud llama tarde. HOLOFERNES-La parte posterior del día, nobilísimo señor, es una expresión adecuada, congruente y conmensurada para decir tarde. Es una apelación bien vista, bien escogida, graciosa y enteramente apropiada, os lo aseguro, noble señor, asegúroslo.
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