Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.30
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¡Oh reina de las reinas!, tu perfección es tanta que alabar no podría boca alguna que canta.
¿Cómo hacerla conocer mi pena? Voy a dejar caer este papel. Hojas amables, prestad vuestra sombra a mi locura... ¿Quién viene? (Se oculta tras un matorral. Al punto entra Longaville leyendo un papel; lleva aún un segundo papel en su sombrero y aún otro en su cinturón.) ¡Longaville! ¡Y leyendo! ¡Escuchad, oídos! BEROWNE.-(A parte.) ¡Aún un bobo a tu imagen y semejanza! LONGAVILLE.-¡Ay! ¡Perjuro soy! BEROWNE.-En efecto, llega con un perjuro, con el cartel por delante. EL REY.-(Aparte.) Espero que estará también enamorado. Si es así ¡dulce camaradería en la misma vergüenza!
BEROWNE.-(A parte.) Nada más grato para un borracho que encontrar a otro borracho. LONGAVILLE.-¿Seré yo el primer ser de este modo perjuro? BEROWNE.-(A parte.) Yo podría tranquilizarte, que conozco otros dos en el mismo caso. Tú completas el triunvirato; el tricornio de nuestra sociedad; el triángulo de la horca de amor del que cuelga nuestra simpleza. LONGAVILLE.-Temo que estos versos inhábiles no sean capaces de conmoverla. (Leyendo.) «¡Oh dulcísima María, emperatriz de mi amor!» No, voy a romper estas estrofas y a escribirla en prosa. (Rompe el papel.) BEROWNE.-(A parte.) Los versos son los flecos de los calzones de ese atolondrado de Cupido. No desluzcas sus bragas, hombre. LONGAVILLE.-(Sacando otro papel de su cinturón.) Este poema hará lo necesario. (Lee su soneto.)
¿No ha sido de tus ojos la celeste elocuencia, contra la cual se estrella toda humana razón, la que ha vuelto perjuro mi pobre corazón? Luego, si fui traidor, bien merezco clemencia. A amores terrenales renunció mi conciencia,
pero no de una diosa a la ardiente pasión
juré, cierto, apartarme de la humana ocasión
mas siendo tú una diosa, gano toda indulgencia
Aire son juramentos y el aire soplo leve
pero tú, ¡sol radiante!, que sobre mí gravitas
secaste mi promesa. ¿Quién dudarlo se atreve
Que nadie, pues, me culpe. Si falto, caiga un velo
Calle toda censura. Hable sólo el que prueb
que es error ser perjuro, si por precio está el cielo
BEROWNE.-¡He aquí de lo que es capaz, por pur
idolatría la vena amorosa! ¡De transformar a un
simple gansilla blanca en una diosa! ¡Dios nos en
miende! ¡Dios nos enmiende! Estamos, sí, muy lejo
del camino recto
LONGAVILLE.-¿Mediante quién la enviaría esto
(Llega Dumaine, con un papel.) ¡Alguien llega! ¡Escapo!
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