Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.29
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(Salen.)
ESCENA III
En el parque
(Entra BEROWNE con un papel en la mano)
BEROWNE.-El Rey caza el ciervo; yo me cazo a mí mismo. Los cazadores tienden un lazo al animal; yo, me enligo en mi propio lazo. ¿Enligado? ¡No!, ¡sucia palabra!. ¡Ten calma, dolor! Un bobo ha dicho esto, yo lo digo también, luego yo soy un bobo. ¡Bien razonado, espíritu mío! ¡Pardiez!, este amor es tan insensato como el furor de Aiax; mata carnero, Y como yo soy un carnero, me mata. He aquí aún un buen razonamiento, a fe mía. No, yo no quiero amar; ahorcado sea si amo, Seguro que no quiero enamorarme. ¡Ah, pero sus miradas! Por la luz que me alumbra, que sin estas miradas, sin sus ojos, no la amaría. Bien; no hago sino mentir y desmentirme. Cierto, cielo, que sí que estoy enamorado. Y ello es lo que me ha enseñado a rimar y a estar melancólico. He aquí una muestra de rimas y melancolía... (suspira.) Pero ella tiene ya uno de mis sonetos, el rústico se lo ha llevado: el bobo lo ha enviado, la dama lo ha recibido. Amable patán, bobo aún más amable, dama, ¡infinitamente amable! ¡Por el universo, que todo me tendría tan sin cuidado como un alfiler, de estar los otros tres cogidos como yo! Pero he aquí a uno de ellos que llega con un papel. ¡Dios le conceda la gracia de gemir! (Berowne se sube a un árbol y al instante entra el Rey.) EL REY.-(Gimiendo.) ¡Ay! BEROWNE.-(A parte.) ¡ Cielos! ¡Está herido! Continúa, Cupido. ¡Le has herido con tu flecha de pájaro, bajo la tetilla izquierda! ¿Y secretitos también? EL REY.-(Leyendo.)
A la rosa mojada por el blando rocío no da un beso tan dulce el sol de la mañana como el sol de tus ojos, ¡oh sin par soberana! al fuego que a mi rostro sube del pecho mío. Ni la luna de plata es tan resplandeciente cuando del mar las olas ilumina y colora, como tu rostro puro, que tanto me enamora. resplandece en las gotas de mi lágrima ardiente. Mi llanto, ¡pobre llanto!, de tu hermosura es carro que te transporta, erguida, sobre mi triste pena; contempla tan siquiera de mi llanto la vena y al gozar, con tu gloria triunfarás de mi barro. Tú, si de amar te libras, podrás eternamente mirar altiva el fardo que hoy inclina mi frente.
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