Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.28
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Ovidius Naso era el gran hombre para esto. ¿Y por qué, en verdad, era llamado Naso? Pues porque sabía olfatear las odoriferantes flores de la fantasía; los borbotones de la inspiración. Imitar no es nada: esto lo hace el perro con su amo, el mono con su guardián, el caballo, bien adiestrado, con su caballero. Pero, ¿es a ti, virginal damisela, a quien esto va dirigido? SANTIAGUITA.-Sí, mi señor. Y de parte del caballero Berowne, uno de los señores de la princesa extranjera. HOLOFERNES.-Echemos una mirada sobre la dirección (lee). «A la mano, blanca como la nieve, de la muy hermosa dama Rosalina» Examinemos aún la firma de la carta con objeto de conocer la denominación de quien escribe a la persona antedicha: «De Vuestra Gracia, su enteramente rendido servidor Berowne." Mosén Nataniel, este Berowne es uno de los compañeros del Rey, y ha redactado esta carta por una de las damas de la comitiva de la reina extranjera; carta que, accidentalmente, cuando iba en vía de progresión hacia su destino, se ha extraviado. Vuela con paso ligero, monina, y deja este escrito en la noble mano del Rey; puede ser importante. Y no te detengas en dar las gracias. Te dispenso de toda cortesía. ¡Adiós! SANTIAGUITA.-Querido Costard, ven conmigo. Dios os guarde, señores. COSTARD.-Todo tuyo, queridita. (Salen juntos.) NATANIEL.-Caballero, habéis obrado esta vez muy devotamente y de acuerdo con el temor de Dios; y como dice cierto santo padre... HOLOFERNES.-Mosén, no me habléis de los Padres. Los colores colorantes me dan miedo. Pero, volviendo a los versos, ¿os han agradado, mosén Nataniel? NATANIEL.-En lo que afecta a la letra, admirables. HOLOFERNES.-Yo ceno esta noche con el padre de uno de mis discípulos. Si os place venir antes de la comida a gratificar la mesa con un benedicite, yo me aplicaré, en virtud de los privilegios que gozo con los padres del dicho niño o alumno mencionado, a declararos ben venuto. Y entonces os probaré que los tales versos son poco sabios y que carecen de todo sabor poético, de espíritu y de invención. Imploro, pues, vuestra compañía. NATANIEL.-Acepto con mucho gusto, y os doy las gracias. Pues, como dicen los libros santos, la sociedad hace la felicidad de la vida. HOLOFERNES.-Y no hay duda que los libros santos emiten con ello una conclusión infalible. (A Dull.) Amigo, os invito también. No me digáis que no: pauca verba. Partamos. Los gentileshombres están de caza; vayamos nosotros también a lo que nos agrada.
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