Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.25
Indice General
|
Volver
Página 25 de 64
NATANIEL.-He aquí una caza enteramente respetable, y hecha de modo que da testimonio de una buena conciencia. HOLOFERNES.-El gamo estaba, como lo sabéis, sanguis y en el punto justo para ser muerto; es decir, maduro como una manzana reineta que pende, como una joya, de la oreja del coelum, el ciclo, la bóveda celeste, el firmamento; y he aquí que de pronto cae como manzana silvestre sobre la faz de la terra, el suelo, el terruño, la tierra.
NATANIEL.-Es verdad, maestro Holofernes, que variáis deliciosamente los epítetos como podría hacerlo un sabio, por lo menos. Pero lo que os aseguro es que se trataba dc un corzo de un año. HOLOFERNES.-Haud credo, mosén Nataniel. DULL.-No era un haut credo, sino un cervato. HOLOFERNES.-¡Bárbara interpretación! Es, no obstante, una especie de insinuación, como si dijéramos in via, a guisa de explicación; con objeto de facere, una especie de réplica, o más bien, a fin de ostentare, de manifestar su sentimiento, según su mane-ra ineducada, no cortés, grosera, inculta; carente de experiencia o más bien, iletrada, o mejor aún, no corroborada, que le hace tomar mi haud credo por un cervatillo. DULL.-Yo lo que he dicho es que el cervato no era un haut credo, sino un corzo. HOLOFERNES.-¡Simpleza doblemente enraizada! ¡ Bis coctus! ¡Oh ignorancia, olí monstruo, cuán de-forme eres! NATANIEL.-Es, señor, que jamás se ha nutrido de las sutilidades que se hallan en los libros. Jamás ha comido como si dijéramos, papel, ni es tampoco un bebedor de tinta. Su intelecto no ha sido amueblado. Es un animal sensible, tan sólo en las partes groseras. Una de esas plantas estériles que son puestas ante nosotros con objeto de que nosotros, hombres de gusto y de sentimientos, estemos agradecidos a las facultades que fructifican mejor en nosotros que en él. Pues del mismo modo que a mí me iría mal hacerme el tonto, el indiscreto o el imbécil, asimismo, sería poner a estudiar a un zafio, el enviarle a él a la escuela. Pero omne bene, digo yo, a mi vez, y con ello soy de la opinión de un antiguo monje: «Muchos que no aman las tempestades pueden soportar el mal tiempo.» DULL.-Vos, que sois ambos hombres de libros, ¿podríais adivinar, con todo vuestro sabor, lo que, teniendo un mes cuando Caín nació, aún no alcanza hoy las cinco semanas? HOLOFERNES.-Dictynna, mi excelente Dull, Dictynna. DULL.-¿Y qué es Dictynna? NATANIEL.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-64
|