Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.24
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BOYET.-¿Y quién será tu ciervo? ROSALINA.-Si se le escoge por los cuernos, no os pongáis a mi alcance. ¡Buen dardo o mucho me engaño.! MARIA.-Siempre estáis buscándola querella, Boyet, por tanto, os da en plena frente. BOYET.-Ella recibe los golpes más abajo. ¿La he dado yo bien esta vez? ROSALINA.-Puesto que, estamos a golpes, ¿deberé asestaros una vieja pulla, adulta ya como un hombre, cuando Pepino, el rey de Francia, no era aún sino un niño? BOYET.-Y yo, ¿Podré responderte con un también viejo dicho, adulto ya como una mujer, cuando Genoveva, la reina de Bretaña, no era aún sino una niñita? ROSALINA.-Ya no puedes, ya no puedes, ¡hombrecito! Para ti ya el blanco es negro, ¡pobrecito!
BOYET.-Yo no puedo, yo no puedo, ¡bien lo sé! ,pero en pleno de tu blanco habrá quien dé.
(Rosalina sale corriendo seguida de Catalina.)
COSTARD.-¡Muy entretenido, a fe mía!, ¡cómo ha
arreglado la cosa entre los dos
MARÍA.-Ha sido, sí, un blanco bien apuntado
puesto que los dos han dado en él
BOYET.-¿Blanco dices, mi damita? ¡Cuidado co
el blanco siempre! Nada mejor para ajustar un blan
co que una buena clavija
MARIA.-Vos falláis siempre. Dais al lado. Apuntái
demasiado alto
COSTARD.-Cierto, debería apuntar desde más cer
ca, si no, jamás dará en el sitio
BOYET.-Si yo apunto demasiado alto, tú en cam
bio, parece ser que aciertas siempre donde quieres
COSTARD.-El buen golpe está en rajar en dos l
clavija
MARIA.-¡Largo, largo!, habláis de un modo ta
grosero que torna morros vuestros labios
COSTARD.-Puesto que tirando no podéis con ella
señor, desafiadla a echar una partida de bolos
BOYET.-Temo que me echaría también a roda
muy pronto. (Saludando.) Buenas noches, excelent
mochuelo. (Salen Boyet y María.
COSTARD.-¡Por mi alma, qué rústico, qué patán! ¡Señor, Señor, cómo le hemos manteado las dos damas y yo! ¡Deliciosa broma, a fe mía! ¡Qué sutilmente vulgar es todo lo que brota a propósito deliciosa y obscenamente! ¡Qué diferencia con Armando! ¡Este sí que es un hombre refinado! ¡Hay que verle pasearse con una dama llevándola el abanico! ¡Hay que verle besarle la mano y hacerle pro-mesas dulces! Sin contar que está, además, ahí su paje, ese puñadito de chispa. Ese, ¡el cielo me valga!, piojito patético. (Se oye un grito.) ¿Eh? ¿Qué pasa? (Corre y se esconde.)
ESCENA II
En el parque
(Entran HOLOFERNES, NATANIEL y DULL hablando animadamente)
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