Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.20
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) Lleva esta significación a Santiaguita, la campesina. (Le da una moneda.) He aquí tu remuneración. Pues el mejor atributo de mi honor es remunerar a mis servidores. Moth, sígueme. (Sale.) MOTH.-Yo soy todo su séquito. Signior Costard, adiós. (Moth sale.) COSTARD. -¡Adiós, dulce onza de carne humana!, ¡mi linda joya! Y ahora veamos la remuneración. Sin duda, es la palabra latina para decir tres cuartos de penique; tres cuartos de penique, ¡una remune
ración! ¿Cuánto esta cinta? -Un penique-. No, o
daré una remuneración, ¡y cinta comprada! Pues e
una palabra más bonita, ¡pardiez!, que el escud
francés. No volveré a comprar, ni a vender, sin
empleando esta palabra. (Entra Berowne.
BEROWNE.- ¡Hombre!, este excelente bribón d
Costard, ¡feliz hallazgo
COSTARD.-Un ruego, señor, ¿cuánta cinta de colo
rosa se puede comprar por una remuneración
BEROWNE.-¿Y qué es una remuneración
COSTARD.-Caray, señor, tres cuartos de penique
BEROWNE.-Pues bien, puedes comprar tres cuar
tos de penique de seda
COSTARD.-Doy las gracias a Vuestro Honor. E
señor os acompañe. (Se dispone a salir.
BEROWNE.-Espera, pícaro, que tengo necesida
de ti. Si quieres ganar mi protección, mi buen Cos
tard, haz por mí una cosa que voy a pedirte
COSTARD.-¿Cuándo queréis que sea hecha, señor
BEROWNE.-Esta tarde
COSTARD.-Pues hecha será, señor; ¡adiós
BEROWNE.-Pero si no sabes de qué se trata
COSTARD.-Una vez que la haya hecho lo sabré
BEROWNE.-Pero, necio, es preciso que la sepa
antes
COSTARD.-Ya iré a ver a Vuestro Honor mañana por la mañana. BEROWNE.-Es preciso que sea hecho esta tarde. Escúchame, mendrugo, se trata simplemente de lo siguiente: la Princesa vendrá a cazar aquí al parque; y entre su séquito hay cierta dama cuyo nombre basta pronunciar para tener ya la voz dulce y embalsamada: ¡Rosalina! Pues bien, pregunta por ella y deja en su blanca mano este billete lacrado. (Le da una carta y un chelín.) Y esto para ti, como gratificación. Vete. COSTARD.-¡Gratificación!, ¡querida gratificación! ¡Qué diferencia con una remuneración! ¡Once peniques más! ¡Oh gratificación infinitamente dulce! Yo haré exactamente lo que queréis. ¡Gratificación!... ¡Remuneración... (Sale.) BEROWNE.-Y yo, ¡pardiez!, heme aquí enamorado. ¡Yo, que fustigaba el amor! ¡Yo, severo como dómine contra los suspiros de los enamorados! ¡Yo creo, crítica viva, sargento de la policía nocturna del amor, pedante que tiranizaba con más arrogancia que mortal alguno a ese niño de los ojos vendados, lloriqueón, ciego y caprichoso! ¡A ese joven milord! ¡A ese enano gigante, el todopoderoso don Cupido, soberano consagrado con suspiros y lamentos! ¡Majestad de todos los desocupados y de todos los descontentos! ¡Terrible príncipe de faldas, rey de braguetas, emperador absoluto y general en jefe de to-dos los recaderos ambulantes! ¡Pobre corazón mío! ¡Verme reducido ahora a simple oficial de campo de su ejército y a llevar sus colores como el aro rodeado de cintas de un saltimbanqui! ¡Pero cómo!, ¿amar yo?, ¿yo hacer la corte?, ¿buscar yo una mujer, una esposa, semejante a un reloj alemán, a la que haya que arreglar siempre por estar siempre descompuesta y que no vaya bien sino a costa de vigilarla sin cesar de querer que dé la hora? Y lo que es peor de todo, ¡perjurarme! Y por si todo ello fuese poco, amar, de tres mujeres, ¡la peor! ¡Una coqueta paliducha con cejas de terciopelo y dos bolas de pez clavadas en la cara a guisa de ojos! Sí, ¡por el cielo! una moza que hará lo que le plazca, ¡aunque le pongan a Argos como eunuco y guardián´ ¡Y que yo suspire por ella! ¡que por ella pierda el sueño!, ¡que hasta por ella llegue a rogar! No hay duda que es un calamitoso castigo que Cupido me impone por haber desconocido su todo poder y terrible pequeña fuerza.
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