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Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.12

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Me siento menos or­gullosa oyéndoos alabar mis méritos, que vos estáis deseoso de que os tenga por espiritual, gastando vuestro espíritu en alabar el mío. Y ahora el asignar su misión al profesor que enseña la suya a los de­más. No ignoráis, mi buen Boyet, puesto que el ru­mor público ha llevado su eco hasta el extranjero, que el navarro ha hecho voto de no dejar cercarse a ninguna mujer a su Corte antes de haber consumido tres años en penosos estudios. Parécenos, pues, ne­cesario, antes de franquear sus prohibidas puertas, conocer lo que bien le plazca. A este efecto, y llena de confianza en vuestros méritos, os hemos esco­gido como nuestro abogado más persuasivo y elo­cuente. Decidle, pues, que la hija del rey de Francia, implora el honor de una conferencia personal con Su Gracia, para tratar de un asunto importante, y que necesita ser prestamente resuelto. Apresuraos a significarle nuestro deseo; cual modestos visitantes, esperamos aquí su decisión. BOYET.-Orgulloso de mi misión, parto gustoso a cumplirla. PRINCESA.-Todo orgulloso de algo es solícito en realizarlo; tal os ocurre a vos. (Boyet sale.) ¿Y quiénes son, mis amados caballeros, los que se han asociado al voto del virtuoso Duque? UN SEÑOR.-El señor de Longaville es uno de ellos. PRINCESA.-¿Le conocéis? MARÍA.-Yo le conozco, Señora. He visto a este Longaville en Normandía con motivo del matrimo­nio entre el señor Perigord y la linda heredera de Santiago de Falcobridge. Tiene fama de hombre dotado de méritos excepcionales; muy versado en artes y glorioso en las armas. Dícese que triunfa en cuanto emprende. La única mancha en el brillo de sus raras virtudes -si el brillo de la virtud puede su­frir mancha- es tener un espíritu acerado unido a una voluntad en exceso obstinada. El que tiene un espíritu hiriente y una voluntad inmutables no per-dona a nadie que caiga en su poder.
PRINCESA.-Un alegre burlón, sin duda, ¿no es esto? MARIA .-Eso dicen los que conocen bien su carác­ter. PRINCESA.-Tales espíritus son de corta duración; se ajan al crecer. ¿Quiénes son los otros? CATALINA.-El señor Dumaine, joven caballero en todo cumplido; estimado a causa de su virtud por todos aquellos para quienes la virtud es estimable; todopoderoso para hacer el mal, bien que sin la maldad; con suficiente espíritu para transformar la fealdad en hermosura y suficiente hermosura para agradar, aunque careciese de espíritu. Le he visto una vez en casa de] duque Alanson, y cuanto bien digo de él queda muy por bajo de su gran mérito.


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