Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.11
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-¿Y qué es lo que verán? COSTARD.-Nada. ¡pardiez!, señor Moth, sino aquello que miren. Y como conviene a los prisioneros ser avaros de sus palabras, nada más diré. Gracias a Dios tengo tan poca paciencia como cualquier otro; por consiguiente, sabré estar tranquilo. (Salen Moth y Costard.)
ARMANDO.-Adoro hasta el polvo (bien bajo, por tanto), que pisa su zapato (más bajo aún), guiado por su pie (¡todavía más bajo!) Pero amando, me perjuro, lo que es gran prueba de deslealtad. Mas, ¿cómo puede ser leal el amor alcanzado mediante la perfidia? Amor es un duende; Amor es un diablo; no hay otro ángel malo que Amor. No obstante, Sansón tentado fue como yo, pese a tener una fuerza extraordinaria. Y Salomón, asimismo, fue seducido, no obstante toda su sabiduría. Si la maza de Hércules nada pudo contra la acerada flecha de Cupido, ¿que podría contra ella la tizona de un español? Tercera y cuarta parada de nada me servirían. Ni Amor respeta los ataques ni se preocupa de las leyes del duelo. Su humillación está en ser llamado niño; su gloria en someter a los hombres. ¡Adiós, valor! ¡Enmohece, tizona!; tambor, ¡silencio! Vuestro amo está enamorado. Sí, ¡ama! Que algún dios de la rima improvisada me asista, pues seguro que voy a fabricar sonetos. Medita, espíritu; escribe pluma; siento que voy a producir volúmenes in folio. (Sale.) .. ..
ACTO II
ESCENA UNICA
El parque del rey de Navarra
(Entran la PRINCESA DE FRANCIA, ROSALINA, MARÍA, CATALINA, BOYET y otros señores de la comitiva)
BOYET.-Y ahora, Señora, invocad a vuestras mejores cualidades. Considerad que el rey, vuestro padre, os envía en embajada; a quien os envía, y cual es el objeto de vuestra misión. Sois vos, tan superior-mente situada en la opinión del mundo, quien vais a negociar con el incomparable navarro, heredero único de todas las perfecciones que un hombre puede poseer. Y el objeto en litigio es nada menos que Aquitania, bien viudal digno de una reina. Sed, pues, tan pródiga en gracias exquisitas como lo fue la naturaleza cuando hizo las gracias tan raras al despojar de ellas al mundo entero para colmaros a vos tan generosamente. PRINCESA-Mi buen caballero Boyet, mi belleza, bien endeble, no tiene necesidad de la florida pin-tura de vuestros elogios. Es el juicio del que mira lo que da precio a la hermosura y no las bajas pujas lanzadas por los mercaderes.
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