Penas por amor perdidos (William Shakespeare) - pág.2
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Renuncio y muerto soy para el amor, la riqueza, el fasto; todo por vivir como los que se entregan a la filosofía. BEROWNE.- Yo no puedo, querido soberano, sino sumarme a sus afirmaciones, puesto que he jurado vivir y estudiar aquí durante tres años. Pero hay otras obligaciones demasiado rigurosas, que espero no estén inscritas en la cédula: por ejemplo, no tener contacto con mujer durante todo este tiempo; ni la de abstenerse de alimento un día a la semana y los demás no hacer sino una sola comida; sin contar eso de no dormir sino tres horas cada noche y no poder dar una cabezada en todo el día, ¡yo, habituado como estoy a no conceder nada, ni un mal pensamiento, a la noche, sino a dormirla toda entera, e incluso a considerar la mitad del día como noche cerrada! Espero, pues, que esto tampoco figurará en la cédula. Serían votos tan inútiles como penosos de soportar el no tener contacto con mujeres, ayunar y no dormir, ¡bah! EL REY.- Juramento has prestado de pasarte de to-do ello. BEROWNE.- Permitidme, si os place, mi querido señor, que responda que no. Cuanto he jurado ha sido estudiar junto a Tu Gracia, y permanecer aquí, en tu Corte, durante tres años. EL REY.- Has jurado esto, Berowne, y lo demás también. BEROWNE.- Sí y no, Majestad. Si he jurado, por pura broma ha sido... Porque, ¿cuál es el objeto del estudio? Os ruego me lo digáis. EL REY.- ¡Evidente es!, conocer lo que sin él no conoceríamos. BEROWNE.- ¿Queréis decir, sin duda, las cosas ocultas y fuera del alcance del sentido común? EL REY.- En efecto, tal es la divina recompensa del estudio. BEROWNE.- ¡Sea!, recompensémonos, pues. Aceptado y jurado darme al estudio con objeto de aprender aquello que me está vedado conocer: por ejemplo, dónde hacer una buena comida cuando me esté expresamente prohibido. Estudiaré también dónde hallar una hermosa querida, cuando el simple sentido común no me la ofrezca. Y cuando haya he-cho juramento demasiado duro de cumplir, estudiaré el modo de romperle sin faltar a mi palabra. Si éste es el beneficio del estudio y si en ello ha de consistir el nuestro, es decir, en conocer lo que aún no conocemos, entonces hacedme jurar y jamás responderé no. EL REY.- Cuanto dices, obstáculos son, precisamente, que se oponen al estudio, por acostumbrar nuestra inteligencia a los vano placeres.
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