Otelo (William Shakespeare) - pág.60
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No temáis, aunque me veáis armado. Es el fin de mi jornada, el término, el último puerto de mi viaje. No os arredréis; sería un temor vano. Apuntad al pecho de Otelo con un junco y se repliega. ¿Adónde irá Otelo? – ¿Y tu cara? ¡Ah, desventurada! Más pálida que el lino. Cuando el Día del Juicio nos reúna, tu mirada arrojará mi alma desde el cielo para presa de diablos. Fría, criatura, más fría que tu castidad. ¡Ah, maldito, maldito! ¡Azotadme, demonios, que no me posea esta imagen divina! ¡Llevadme en huracanes, quemadme en azufre! ¡Sumidme en abismos de líquido fuego! ¡Ah, Desdémona! ¡Desdémona muerta! ¡Muerta! ¡Ah!
Entran LUDOVICO, MONTANO, CASIO en una silla y guardias con YAGO.
LUDOVICO ¿Dónde está ese arrebatado, ese desdichado? OTELO Aquí está el que fue Otelo. LUDOVICO ¿Dónde está esa víbora? Traed al infame.
OTELO Le miro los pies, pero eso es mentira. Si eres un demonio, no podré matarte.
[Hiere a YAGO.]
LUDOVICO Quitadle la espada. YAGO Sangro, señor, mas no muero.
OTELO No me das pena. Prefiero que vivas, pues, en mi sentir, la muerte es la dicha.
LUDOVICO ¡Ah, Otelo! Antes tan noble, caído en la trampa de un maldito infame. ¿Qué os llamaremos?
OTELO Cualquier cosa. Si queréis, el vengador de su honra, pues nada hice por odio y todo por deber.
LUDOVICO Este canalla ha confesado en parte su infamia ¿Acordasteis él y vos la muerte de Casio?
OTELO Sí. CASIO
Querido general, nunca os di motivo.
OTELO Lo creo y os pido perdón. ¿Queréis preguntar a este semidiablo por qué me ha enredado el cuerpo y el alma?
YAGO No me preguntéis. Lo que sabéis, sabéis. Desde ahora no diré palabra.
LUDOVICO ¿Qué? ¿Ni para rezar? GRACIANO El suplicio te abrirá la boca. OTELO Haces bien.
LUDOVICO Señor, debéis oír lo que ha ocurrido y creo que no sabéis. Esta carta estaba en el bolsillo del difunto Rodrigo, y aquí hay otra. En una de ellas se habla de la muerte de Casio, de la cual se encargaba Rodrigo.
OTELO ¡Miserable! CASIO ¡Qué impío y brutal!
LUDOVICO La otra carta encontrada en el bolsillo contiene una queja. Parece que Rodrigo pensaba mandársela al maldito canalla, pero Yago se le adelantó y le dio explicaciones.
OTELO ¡El vil granuja! Casio, ¿cómo conseguisteis el pañuelo de mi esposa?
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