Otelo (William Shakespeare) - pág.47
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Mas del ser en que he depositado el corazón, que me da vida y, si no, sería mi muerte, del manantial de donde brota o se seca mi corriente, ¡verme separado
o tenerlo como ciénaga de sa pos inmundos que se juntan y aparean ... ! Palidece de verlo, paciencia, tierno querubín de labios rosados. ¡Sí, ponte más sañudo que el infierno!
DESDÉMONA Señor, supongo que me crees honesta. OTELO ¡Oh, sí! Como moscas de verano en matadero,
que nacen criando. ¡Ah, flor silvestre, ta
hermosa y de olor tan delicado qu
lastimas el sentido! ¡Ojalá n
hubieras nacido!
DESDÉMONA Pero, ¿qué pecado he cometido sin saberlo?
OTELO ¿Se hizo este bello papel, este hermoso libro, para escribir en él «puta»? ¿Qué pecado? ¿Pecado? ¡Ah, mujerzuela! Si nombrase tus acciones, mis mejillas serían fraguas que el pudor reducirían a cenizas. ¿Qué pecado? Al cielo le hiede, la luna cierra los ojos; el viento sensual, que todo lo besa, enmudece en la cóncava tierra y no quiere oírlo. ¿Qué pecado? ¡Impúdica ramera!
DESDÉMONA Por Dios, me estás injuriando. OTELO ¿No eres una ramera?
DESDÉMONA No, o no soy cristiana. Si, para honra de mi esposo, preservar este cuerpo de contactos ilícitos e impuros es no ser una ramera, no lo soy.
OTELO ¿Que no eres una puta? DESDÉMONA ¡No, por mi salvación! OTELO ¿Es posible? DESDÉMONA ¡Ah, que Dios nos perdone!
OTELO Entonces disculpad. Os tomé por la astuta ramera de Venecia que se casó con Otelo. -¡Tú, mujer, que, al revés que San Pedro, custodias la puerta del infierno!
Entra EMILIA.
Tú, tú, ¡sí, tú! Nuestro asunto h
terminado. Aquí está tu paga. Ahor
echa la llave, y silencio
Sale.
EMILIA Pero este hombre, ¿qué imagina? ¿Cómo estáis, señora? ¿Cómo estáis?
DESDÉMONA Aturdida. EMILIA Decidme, ¿qué le pasa a mi señor?DESDÉMONA ¿A quién? EMILIA Pues a mi señor. DESDÉMONA ¿Quién es tu señor? EMILIA El vuestro, mi querida señora.
DESDÉMONA Ya no tengo. No hablemos, Emilia. No puedo llorar, y no tendría más palabras que las lágrimas. Esta noche ponme en la cama mis sábanas de boda, acuérdate. Y dile a tu esposo que venga.
EMILIA ¡Vaya cambio!
Sale.
DESDÉMONA Está bien que me trate así, ¡muy bien! ¿Qué habré hecho yo para que tenga la mínima queja de mi más leve falta?
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