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Otelo (William Shakespeare) - pág.39

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Debéis esperar. Lo que pueda, lo haré: más de lo que me atrevo a hacer por mí misma. Que eso os baste.
YAGO ¿Enojado mi señor?
EMILIA Salió hace un momento y, desde luego, con gran excitación.
YAGO ¿Cómo puede enojarse? Yo he visto cómo el cañón hacía saltar sus batallones por el aire y, como un diablo, arrebataba a su propio hermano de su lado. ¿Enojado? Será algo grave. Voy a buscarle. Algo ha de pasar si está enojado.
DESDÉMONA Ve con él, te lo ruego.
Sale YAGO.
Le habrá enturbiado su espíritu limpio algún asunto de Estado, quizá de Venecia,
o alguna conjura malograda, recién descubierta aquí, en Chipre. En esos casos, cuando les preocupan cosas de importancia, los hombres discuten por una minucia. Ocurre así. Cuando el dedo nos duele, parece
que transmite dolor a los miembros sanos. No
no pensemos que los hombres son dioses, n
de ello s esperemos miramientos com
el día de la boda. ¡Regáñame, Emilia
Soy una torpe guerrera y con el alma acusab
de rigor a mi marido; ma
veo que he inducido a falso testimonio
que le he acusado injustamente.
EMILIA Dios quiera que sean asuntos de Estado, como creéis, y no algún antojo o celos caprichosos que os afecten.
DESDÉMONA ¡Cielo santo! Jamás le di motivo.
EMILIA Sí, mas eso al celoso no le sirve. El celoso no lo es por un motivo: lo es porque lo es. Son los celos un monstruo engendrado y nacido de sí mismo.
DESDÉMONA Dios guarde de ese monstruo el alma de Otelo. EMILIA Así sea, señora.
DESDÉMONA Voy a buscarle. Casio, quedad por aquí. Si le veo bien dispuesto, le presentaré vuestra súplica y haré lo imposible por que acced a.
CASIO Señora, con humildad os lo agradezco.
Salen DESDÉMONA y EMILIA. Entra BIANCA.
BIANCA Dios te guarde, amigo Casio.
CASIO ¿Qué haces que no estás en casa? ¿Cómo está mi bellísima Bianca? Te juro, mi amor, que iba a visitarte.
BIANCA Y yo iba a tu aposento. ¿Conque una semana sin verme? ¿Siete días con sus noches? ¿Trece veces trece horas? ¡Y horas de ausencia del amado, cien veces más largas que las del reloj! ¡Qué agobio de cuenta!
CASIO Perdóname, Bianca: estos días me abrumaban muy graves pensamientos. Te pagaré mi cuenta de ausencia de manera más continua.


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