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Otelo (William Shakespeare) - pág.32

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YAGO ¡Ah, ahí está! Pues, si me lo permitís, rechazar todos esos matrimonios con gente de su tierra, color y condición, lo que siempre parece natural... ¡Mmm ... ! Ahí se adivina un deseo viciado, grave incongruenc ia, propósito aberrante. Perdonadme: en mis presunciones no pensaba en ella. Aunque temo que quiera volver sobre sus pasos y, al compararos con sus compatriotas, pueda arrepentirse.
OTELO Muy bien, adiós. Si observas algo, dímelo. Que vigile tu mujer. Déjame, Yago.
YAGO [saliendo] Señor, me retiro.
OTELO ¿Por qué me casé? Seguro que el buen Yago ve y sabe más, mucho más de lo que dice.
YAGO [volviendo] Señor, me permito suplicaros que no os dejéis obsesionar. Que el tiempo decida. Es justo que Casio recobre su puesto, pues lo ejerce con gran capacidad, mas, teniéndole apartado un poco más, podréis observar al hombre y sus métodos. Ved si vuestra esposa insiste en que vuelva y encarece su ruego con ardor: eso dirá mucho. Mientras tanto, que mi temor justifique mi injerencia,
pues temo de verdad que ha sido grande, y, os lo ruego, no culpéis a vuestra esposa. OTELO No temas por mi aplomo. YAGO Nuevamente me retiro.
Sale.
OTELO Este hombre es de gran honradez, y su experiencia le permite discernir los móviles humanos. Corno ella resulte un halcón indomable, aunque la haya atado con las fibras de mi corazón, la suelto al hilo del viento y la dejo a la suerte. Quizá por ser negro y faltarme las prendas gentiles del galanteador, o haber descendido por el valle de los años (aunque poco importa) me quedo sin ella y burlado, y mi consuelo ha de ser detestarla. ¡Maldicíón de matrimonio ¡Llamar nuestras a tan gratas criaturas y no a sus apetencias! Prefiero ser sapo y vivir de los miasmas de un calabozo que dejar un rincón de mi ser más querido para uso de otros. Mas es la cruz del grande, pues el humilde es más privilegiado. Como la muerte, es destino inevitable: la suerte del cornudo ya está echada desde el momento en que nace. Aquí viene ella
Entran DESDÉMONA y EMILIA.
Si me engaña, el cielo se ríe de sí mismo
No pienso creerlo

DESDÉMONA ¿Qué ocurre, querido Otelo? La cena y los nobles isleños que has invitado aguardan tu presencia.
OTELO La culpa es mía.


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