Otelo (William Shakespeare) - pág.14
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Un regio navío de Venecia presenció el naufragio y la ruina del grueso de la flota.
MONTANO ¿Qué? ¿Es verdad?
CABALLERO 3.0 La nave, una veronesa, ya ha atracado. Miguel Casio, teniente del intrépido moro, ya está en tierra. Otelo aún navega y viene hacia Chipre con plenos poderes.
UONTANO Me alegro. Es buen gobernador.
CABALLERO 3.0 Pero a Casio, aunque le alivia la derrota de los turcos, le inquieta la suerte de Otelo y reza por él, pues quedaron separados por el fiero temporal.
MONTANO Quiera Dios que se salve: estuve a sus órdenes, y en el mando es todo un soldado.
Vamos al puerto, no sólo por ver la nave arribada, sino además por buscar en el horizonte al bravo Otelo, hasta que no distingamos entre cielo y océano.
CABALLERO 3.0 Muy bien, vamos, pues cada minuto nos hace esperar una nueva llegada.
Entra CASIO.
CASIO Os agradezco, valientes moradores de esta isla, que honréis a Otelo. El cielo le proteja de los elementos, pues yo le perdí en un mar peligroso.
MONTANO ¿Es fuerte su nave?
CASIO Muy bien construida, y el piloto, hábil y muy afamado, así que mi esperanza, que no sufre excesos, goza de salud.
VOCES [desde dentro] ¡Barco a la vista!
Entra un MENSAJERO.
CASIO ¿Qué voces son ésas?
MENSAJERO La ciudad está desierta. La gente se agolpa en las rocas gritando: «¡Barco a la vista!».
CASIO Mi esperanza apunta al gobernador.
Cañonazo.
CABALLERO 2.0 Una salva de cañón. Son amigos.
CASIO Os lo ruego, señor. Id allá y averiguad quién ha llegado.
CABALLERO 2.0 Al momento.
Sale.
MONTANO Decidme, teniente, ¿se ha casado el general?
CASIO Con inmensa fortuna: logró una muchacha que excede alabanzas y fama hiperbólica, supera el floreo de la pluma elogiosa y, en pura belleza creada, fatiga el ingenio.
Entra el segundo CABALLERO.
¿Qué hay? ¿Quién llega? CABALLERO 2.0 Un tal Yago, alférez del general.
CASIO Ha tenido pronta y feliz travesía. Tormentas, altas olas y vientos rugientes, rocas hendidas y bancos de arena, pérfidos escollos que atrapan la quilla inocente, cual dotados de un sentido de belleza, abandonan su fatal cometido y dejan indemne a la divina Desdémona.
MONTANO ¿Quién es ella?
CASIO La dama de que hablé, la capitana de nuestro gran capitán, encomendada al audaz Yago, cuya venida se adelanta una semana a nuestro cálculo.
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