Otelo (William Shakespeare) - pág.2
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RODRIGO Yo no le serviría.
YAGO Pierde cuidado. Le sirvo para servirme de él. Ni todos podemos ser amos, ni a todos los amos podemos fielmente servir. Ahí tienes al criado humilde y reverente, prendado de su propio servilismo, que, como el burro de la casa, sólo vive para el pienso; y de viejo, lo licencian. ¡Que lo cuelguen por honrado! Otros, revestidos de aparente sumisión, por dentro sólo cuidan de sí mismos
y, dando muestras de servicio a sus señores, medra
a su costa; hecha su jugada, s
sirven a sí mismos. En éstos sí que hay alma
yo me cuento entre ellos. Pues
tan verdad como que tú eres Rodrigo, s
yo fuera el moro, no habría ningún Yago. Sirviéndol
a él, me sirvo a mí mismo. Dio
sabe que no actúo por afecto ni obediencia sin
que aparento por mi propio interés. Pue
el día en que mis actos manifiesten l
índole y verdad de mi ánimo e
exterior correspondencia, ya verás qu
pronto llevo el corazón en la mano par
que piquen los bobos. Yo no soy el que soy
RODRIGO Si todo le sale bien, ¡vaya suerte la del Morros!
YAGO Llama al padre. Al moro despiértalo, acósalo, envenena su placer, denúncialo en las calles, ponlo a mal con los parientes de ella, y, si vive en un mundo delicioso, inféstalo de moscas; si grande es su dicha, inventa ocasiones de amargársela y dejarla deslucida.
RODRIGO Aquí vive el padre. Voy a dar voces.
YAGO Tú grita en un tono de miedo y horror, como cuando, en el descuido de la noche, estalla un incendio en ciudad populosa.
RODRIGO ¡Eh, Brabancio! ¡Signor Brabancio, eh!
YAGO ¡Despertad! ¡Eh, Brabancio! ¡Ladrones, ladrones! ¡Cuidad de vuestra casa, vuestra hija y vuestras bolsas! ¡Ladrones, ladrones!
BRABANCIO [se asoma] a una ventana
BRABANCIO ¿A qué se deben esos gritos de espanto? ¿Qué os trae aquí?
RODRIGO Señor, ¿vuestra familia está en casa?
YAGO ¿Y las puertas bien cerradas? BRABANCIO ¿Por qué lo preguntáis?
YAGO ¡Demonios, señor, que os roban! ¡Vamos, vestíos! ¡El corazón se os ha roto, se os ha partido el almal Ahora, ahora, ahora mismo un viejo carnero negro está montando a vuestra blanca ovejita. ¡Arriba! Despertad con las campanas a los que duermen y roncan, si no queréis que el diablo os haga abuelo.
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