Macbeth (William Shakespeare) - pág.52
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que cualquiera del infierno.
MACSETH
Me llamo Macbeth.
JOVEN SIWARD
Ni el diablo podría pronunciar
un nombre más odioso a mis oídos.
MACBETH
No, ni más temible.
JOVEN SIWARD
Mientes, tirano execrable.
Probaré tu mentira con mi espada.
Pelean y cae muerto el JOVEN SIWARD.
MACBETH
Tú naciste de mujer.
De todas las armas y espadas me río
si el que las empuña es de mujer nacido.
Sale. Fragor de batalla. Entra MACDUFF.
MACDUFF
De ahí viene el ruido. ¡Enseña la cara, tirano!
Si te matan y el golpe no es mío, las sombras
de mi esposa y de mis hijos siempre han de acosarme.
No puedo herir a los pobres mercenarios,
pagados por blandir varas: o contigo, Macbeth,
o envaino mi espada, indemne y ociosa.
Ahí estás, sin duda: ese choque de armas
parece anunciar a un hombre de rango.
Fortuna, deja que lo encuentre,
que más no te pido.
Sale. Fragor de batalla. Entran MALCOLM y SIWARD.
SIWARD
Por aquí. El castillo se rinde de grado.
Los hombres del tirano dividen sus lealtades,
los nobles barones pelean con ardor,
la victoria se anuncia casi nuestra
y poco resta por hacer.
MALCOLM
Algunos del bando enemigo
combaten de nuestro lado.
SIWARD
Y ahora, entra en el castillo.
Salen. Fragor de batalla. Entra MACBETH.
MACBETH
¿Por qué voy a hacer el bobo romano
y morir por mi espada? Mientras vea hombres vivos,
en ellos lucen más las cuchilladas.
Entra MACDUFF.
MACDUFF
¡Vuélvete, perro infernal, vuélvete!
MACBETH
De todos los hombres sólo a ti he rehuido.
Vete de aquí: mi alma ya está
demasiado cargada de to sangre.
MACDUFF
No tengo palabras; hablará mi espada,
tú, ruin, el más sanguinario que pueda proclamarse.
Luchan. Fragor de batalla.
MACBETH
Tu esfuerzo es en vano.
Antes que hacerme sangrar, to afilado acero
podrá dejar marca en el aire incorpóreo.
Caiga tu espada sobre débiles penachos.
Vivo bajo encantamiento, y no he de rendirme
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