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Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) - pág.31

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Pero vamos al asunto. Pues os hemos dado a conocer nuestras transgresiones, para explicaros nuestra existencia extralegal, y viendo en vos un caballero digno y de presencia, un polígloto, según decís, y un hombre dotado de importantes cualidades, tal como necesitamos uno en nuestra profesión...
     BANDIDO 2.º -Considerando, por otra parte, que sois un desterrado, hemos resuelto, pues, haceros proposiciones. ¿Queréis ser nuestro capitán, convertir en virtud la necesidad y vivir como nosotros en estos despoblados?
     BANDIDO 3.º -¿Qué te parece? ¿Quieres ser de los nuestros? Di sí y serás nuestro capitán. Te rendiremos homenaje y te obedeceremos y amaremos como nuestro jefe y rey.
     BANDIDO 1.º -Pero si rehúsas nuestra oferta te daremos muerte.
     BANDIDO 2.º -No nos conviene que divulgues nuestras proposiciones.
     VALENTÍN. -Acepto. Y quiero vivir con vosotros, con la condición de que no ultrajaréis la debilidad de las mujeres ni a los viajeros pobres.
     BANDIDO 3.º -No; detestamos semejantes cobardías y viles prácticas. Ven con nosotros. Vamos a presentarte a toda la cuadrilla y a mostrarte los tesoros que poseemos y de los que, así como de nosotros, puedes disponer. (Salen.)


Escena II
Milán. - Patio en el palacio del Duque
Entra PROTEO
     PROTEO. -Ya he sido falso con Valentín y ahora es preciso que sea desleal con Turio. El pretexto de apoyar sus pretensiones me da suficientes facilidades para ofrecer mi propio amor. Pero Silvia es demasiado hermosa, demasiado fiel, demasiado santa, para que la seduzcan mis indignos presentes. Cuando protesto sincera lealtad por ella, me recuerda la traición cometida con mi amigo; cuando juro a su hermosura un eterno amor, me echa en cara mi perjurio por ser infiel a Julia, a quien amaba. Y a despecho de sus repentinos sarcasmos -el menor de los cuales fuera suficiente para destruir toda esperanza en el corazón de un enamorado-, todavía como un perro faldero, cuanto más rehúsa, mi amor, tanto más éste se extiende y arrastra a sus pies... Pero aquí llega Turio. Situémonos ahora bajo la ventana de Silvia, y que oiga esta noche melodiosa música. (Entran TURIO y MÚSICOS.)
     TURIO. -¡Hola, señor Proteo! ¿Habéis llegado antes que nosotros?
     PROTEO. -Sí, querido Turio, pues ya sabéis que el amor se cuela donde no le llaman.
     TURIO. -Muy bien; pero creo, señor, que a nadie cortejáis aquí.
     PROTEO. -¿Cómo que no? ¿Iba entonces a hallarme en este sitio?
     TURIO. -¿A quién es? ¿A Silvia?


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