Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) - pág.27
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LANZA. -Serán entonces virtudes bastardas, que no Conocen a su padre y, por consiguiente, no tienen nombre.
RELÁMPAGO. -Ahora viene aquí el catálogo de sus defectos.
LANZA. -Es lo lógico, después del de sus méritos.
RELÁMPAGO. -«Ítem. No se debe abrazarla en ayunas, a causa de su mal aliento.»
LANZA. -No importa. Ese defecto lo puede corregir un buen almuerzo. Sigue.
RELÁMPAGO. -«Ítem. Tiene una toca retrechera.»
LANZA. -He aquí lo que compensa su aliento ingrato.
RELÁMPAGO. -«Ítem. habla durmiendo.»
LANZA. -Bien, con tal de que no se duerma hablando.
RELÁMPAGO. -«Ítem. Habla muy despacio.»
LANZA. -¿Eso es defecto? ¡La lentitud en las palabras!. ¡Atiza! ¡Pero si es la única virtud de la mujer! Apártame ese defecto y apúntalo como el primero de sus méritos.
RELÁMPAGO. -«Ítem. Es soberbia.»
LANZA. -Quita también eso. Es herencia de Eva, que no hay modo de suprimir.
RELÁMPAGO. -«Ítem. No tiene dientes.»
LANZA. -Me gusta la corteza.
RELÁMPAGO. -«Ítem. Es mala.»
LANZA. -Que lo sea; pero como no tiene dientes para morder...
RELÁMPAGO. -«Ítem. Es bastante dada a la bebida.»
LANZA. -Si la bebida es buena, hace bien. Si ella no lo hace, lo haré yo.
RELÁMPAGO. -«Ítem. Es demasiado pródiga.»
LANZA. -De su lengua no puede ser, pues es lenta de palabras. De su bolsa, tampoco, porque la tendré cerrada. De otra cosa que quiera hacer, no podría impedirlo. Conque continúa.
RELÁMPAGO. -«Ítem. Tiene más cabellos que talento.»
LANZA. -Es posible, y puede probarse. La tapadera de la caja de sal encubre la sal y, por lo tanto, es más que la sal; los cabellos que ocultan el cerebro, o sea el talento, son más que el talento y porque el más oculta el menos. ¿Qué sigue ahora?
RELÁMPAGO. -«Más defectos que cabellos.»
LANZA. -Eso es monstruoso y me agradaría que no fuera así.
RELÁMPAGO. -«Y más riquezas que defectos.»
LANZA. -¡Cómo! Ésa es una condición que hace graciosos los defectos. Será mi mujer. Y si me acepta, como nada hay imposible...
RELÁMPAGO. -Bueno. ¿Y qué?...
LANZA. -¡Que tu amo te espera en la Puerta del Norte!
RELÁMPAGO. -¿A mí?
LANZA. -Sí, a ti.
RELÁMPAGO. -¿Y tengo que ir con él?
LANZA. -Pues claro, y que correr, pues llegarás tarde por haberte detenido aquí tanto tiempo.
RELÁMPAGO. -¡Imbécil! ¿Por qué no me los has dicho antes? ¡Malditas tus cartas de amor! (Sale.)
LANZA. -¡Paliza le espera por haberse detenido leyendo mis cartas! ¡Esclavo sin educación, que se entromete en mis secretos! Voy a seguirle para gozar de la corrección del tunante.
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