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Los dos hidalgos de Verona (William Shakespeare) - pág.18

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-¿Cómo?
     LANZA. -Loco.
     RELÁMPAGO. -¡Idiota! No me entiendes.
     LANZA. -¡Borrico! No me refiero a ti, sino a tu amo.
     RELÁMPAGO. -Quiero decirte que mi amo es un enamorado de los más ardientes.
     LANZA. -¿Y a mí qué me importa, aunque se achicharre? ¿Vienes o no vienes a la taberna? Si no vienes eres un hebreo, un judío y no mereces el nombre de Cristiano.
     RELÁMPAGO. -¿Por qué?
     LANZA. -Porque no tienes suficiente caridad para acompañar a un cristiano a la taberna. ¿Vienes?
     RELÁMPAGO. -Soy cristiano. (Salen.)


Escena VI
El mismo lugar. -Aposento en el palacio del duque
Entra PROTEO
     PROTEO. -Dejando a mi Julia soy desleal; amando a la bella Silvia, soy desleal; traicionando a mi amigo, soy más desleal aún, y el poder que me impuso mi primer juramento es el mismo que me induce a esta triple deslealtad. Amor me hizo jurar, y Amor me obliga a que me retracte de mi juramento. ¡Oh, Amor! Dulce consejero: si has pecado, enséñame a mí, súbdito tuyo, y por ti rendido, a excusar mi falta. Hasta hace un instante era mi ilusión una resplandeciente estrella, pero ahora amo a un sol celestial. Imprudentes promesas pueden ser prudentemente retractadas, y falto de talento es quien no emplea el suyo en trocar lo malo por lo mejor... ¡Quita allá! ¡Quita allá, irrespetuosa lengua! ¡Calificar de mala a aquella cuya soberanía tantas veces proclamaste con mil y mil ardientes protestas! No puedo dejar de amar y, no obstante, dejo de amar y, sin embargo, no amo donde debiera amar. Pierdo a Julia y pierdo a Valentín. Si los conservara, necesariamente me perdería a mí mismo. Si los pierdo, hallo en lugar de Valentín a mí mismo, y en lugar de Julia a Silvia. Soy más querido para mí mismo que lo pueda ser un amigo. Porque el amor es el más precioso de los bienes, y comparado con Silvia -¡os tomo por testigos, cielos, que tan bella la formasteis!- Julia no es sino una negra etíope. Olvidaré que Julia existe, para recordar que ha muerto para ella mi amor. Y veré tan sólo en Valentín un enemigo, para tener en Silvia una amiga querida. No puedo ahora ser constante conmigo mismo sin usar de alguna traición con Valentín. Esta noche se propone escalar con una escala de cuerdas la ventana del dormitorio de la celestial Silvia. Tomándome por confidente, soy su competidor.


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