La Tempestad (William Shakespeare) - pág.40
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de quien tanto sabía por su fama,
mas nunca había visto, y que me ha dado
una segunda vida. Ahora esta dama
le convierte en mi segundo padre.
ALONSO
Y a mí de ella. ¡Qué extraño ha de sonar
que le pida perdón a mi hija!
PRÓSPERO
Ya basta, señor.
No carguemos ya más nuestro recuerdo
con un dolor pasado.
GONZALO
Yo he llorado por dentro,
que, si no, habría hablado. Mirad, dioses,
y coronad de dicha a esta pareja,
pues vosotros trazasteis el camino
que nos ha traído aquí.
ALONSO
Así sea, Gonzalo.
GONZALO
¿El duque fue expulsado de Milán para que
sus descendientes reinasen en Nápoles?
¡Ah, alegraos sobremanera y con letras
de oro inscribid esto en columnas inmortales!:
«En un viaje, Claribel halló marido en Túnez
y Fernando, su hermano, halló esposa
donde estaba perdido; Próspero, su ducado
en una pobre isla, y todos a nosotros mismos
cuando nadie era dueño de sí.»
ALONSO [a FERNANDO y MIRANDA]
Dadme las manos.
¡Que un dolor se apodere del alma
que no os desee dicha!
GONZALO
Así sea.
Entra ARIEL, con el CAPITÁN y el Col TRAMAESTRE siguiéndole asombrados.
¡Ah, mirad, señor, mirad! ¡Más de los nuestros!
Profeticé que si en tierra había un patíbulo
éste no se ahogaría. - Tú, que blasfemando
echabas por la borda la gracia divina,
¿no juras en tierra? ¿Estás mudo? ¿Traes noticias?
CONTRAMAESTRE
La mejor es haber hallado a salvo
al rey y a su séquito; después, que nuestra nave,
que hace tres horas creíamos deshecha,
está entera, a punto, y tan bien aparejada
como cuando zarpamos.
ARIEL [aparte a PRÓSPERO]
Señor, he hecho todo esto desde que te dejé.
PRÓSPERO [aparte a ARIEL]
¡Mi vivo espíritu!
ALONSO
Estos hechos no son naturales, y todo es
cada vez más prodigioso. Dime, ¿cómo has venido?
CONTRAMAESTRE
Señor, si creyera estar bien despierto,
intentaría contarlo. Dormíamos como muertos
y, no sé cómo, metidos bajo cubierta,
donde ahora mismo nos despiertan extraños
rugidos, gritos, alaridos, traqueteo
de cadenas y gran variedad de ruidos,
todos espantosos. Libres al momento
y del todo indemnes, vemos que está intacto
nuestro regio y hermoso navío, y el capitán
salta de alegría. Y creedme, al instante,
como en un sueño, nos separan de los otros
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