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La Tempestad (William Shakespeare) - pág.37

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Página 37 de 43


invocado una música divina
que, cumpliendo mi deseo, como un aire
hechice sus sentidos, romperé mi vara,
la hundiré a muchos pies bajo la tierra
y allí donde jamás bajó la sonda
yo ahogaré mi libro.

Música solemne.
Entra ARIEL. Le siguen ALONSO, con gesto demente, acompañado de GONZALO, y
SEBASTIÁN y ANTONIO, de igual modo, acompañados de ADRIÁN y FRANCISCO.
Entran todos ellos en el círculo que ha trazado PRÓSPERO y en él quedan hechizados.
PRÓSPERO lo observa y habla.

Que la música solemne, el mejor alivio
para una mente alterada, te cure el cerebro
que ahora, inútil, te hierve en el cráneo. –
Quedaos ahí: os retiene un sortilegio. –
Bondadoso Gonzalo, hombre digno,
mis ojos, dolidos de ver los tuyos,
comparten tu llanto. Ya el hechizo se deshace
y, así como el alba se insinúa en la noche
y desvanece la tiniebla, así, al despertar,
los sentidos dispersan la ignorancia
que nubla su razón. ¡Ah, buen Gonzalo,
mi salvador y caballero fiel
de tu señor! Te pagaré tu bondad
con palabras y con hechos. - Alonso,
cruel trato nos diste a mi hija y a mí
con tu hermano como cómplice. - Sebastián,
ahora padeces por ello. - A ti, mi hermano,
mi carne y mi sangre, que, ciego de ambición,
desechaste compasión y sentimientos
y con Sebastián (cuyo pesar es ahora tan fuerte)
habrías matado al rey, yo te perdono,
aunque seas inhumano. - Su entendimiento
ya empieza a crecer, y la inminente marea
cubrirá la orilla de su juicio,
ahora fangosa e inmunda. Todavía
ninguno me ve ni me conoce. Ariel, tráeme
el sombrero y la espada de mi celda.

[Sale ARIEL y vuelve de inmediato.]

Me quitaré el manto y me mostraré
como el Duque de Milán que fui. Pronto, espíritu,
que enseguida serás libre.

ARIEL canta y le ayuda a vestirse.

[ARIEL]
Cual abeja libo yo.
Acostado en una flor
oigo del búho la voz,
y en murciélago veloz
vuelo buscando el calor.
Ahora yo, alegre, contento, a placer,
bajo el árbol en flor viviré.
PRÓSPERO
¡Primoroso Ariel! Te echaré de menos,
aunque te daré libertad. Muy bien, así.
Ve, invisible como ahora, al navío del rey.


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