La Tempestad (William Shakespeare) - pág.34
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por soplarles en la cara, y el suelo
por tocarles los pies, aunque siempre
persistiendo en su objetivo. Toqué mi tamboril,
y ellos, cual potrillos, aguzaron las orejas,
abrieron los párpados y alzaron la nariz
como si olieran música. Les embrujé el oído,
y ellos, cual terneros, siguieron mi mugir
por zarzas, espinos y aliagas pinchosas
que se clavaban en sus tiernos tobillos.
Los dejé en la inmunda charca, tras tu celda,
bailando con el agua hasta el mentón
y la poza, más hedionda que sus pies.
PRÓSPERO
Buen trabajo, pajarillo. Continúa invisible.
Trae de mi casa la ropa de gala;
será un buen señuelo para estos ladrones.
ARIEL
Voy, voy.
Sale.
PRÓSPERO
Un diablo, un diablo nato, cuya naturaleza
no admite educación, y en quien el esfuerzo
que me tomé humanamente fue inútil, estéril.
Cual su cuerpo se afea con los años,
su alma se corrompe. Los voy a atormentar
hasta que aúllen.
Entra ARIEL cargado de ropa vistosa, etc.
Ven, cuélgalos en este tilo.
Entran CALIBÁN, ESTEBAN y TRÍNCULO, todos mojados.
CALIBÁN
No hagáis ruido al andar, que ni el topo
oiga un paso. Estamos cerca de su celda.
ESTEBAN
Monstruo, ese duende , al que crees inofensivo, no ha hecho más que tomarnos el pelo.
TRÍNCULO
Monstruo, apesto a orín de caballo, y se me irritan las narices.
ESTEBAN
Y a mí. Óyeme, monstruo. Como te coja antipatía...
TRíNCULO
Serás monstruo muerto.
CALIBÁN
Buen señor, no me retires tu gracia.
Ten paciencia, que el premio que voy a darte
borrará este contratiempo; así que habla bajo:
todo está más tranquilo que la noche.
TRÍNCULO
¡Sí, pero perder las botellas en la charca...!
ESTEBAN
No es sólo vergüenza y deshonor, monstruo, sino una inmensa pérdida.
TRÍNCULO
Para mí es peor que mojarme. ¡Monstruo, fue tu duende inofensivo!
ESTEBAN
Yo voy a recobrar la botella, aunque me ahogue buscándola.
CALIBÁN
Cálmate, mi rey, te lo ruego. Mira:
es la boca de la celda. No hagas ruido, y adentro.
Comete el buen crimen que ha de darte
esta isla para siempre, y yo, tu Calibán,
seré tu eterno lamepiés.
ESTEBAN
Dame la mano. Me vienen pensamientos sanguinarios.
TRÍNCULO
¡Ah, rey Esteban! ¡Ah, señor! ¡Ah, gran Esteban!
¡Mira el guardarropa que tienes aquí!
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